La guerra de la basura en Cancún

IMPACTO AMBIENTAL

La guerra de la basura en Cancún[1]

Juan José Morales

Uno de los logros del actual ayuntamiento de Cancún ha sido sin duda la eficiente recolección de basura. Y no sólo ese servicio ha mejorado notablemente, sino que se emprendió un ambicioso plan de reciclado a fin de reducir los volúmenes que terminan en el relleno sanitario, para lo cual es necesario que los vecinos separen los desperdicios domésticos. Incluso, se creó un organismo descentralizado, Solución Integral de Residuos Sólidos (Siresol), en cuyo consejo directivo participan organizaciones empresariales y grupos de la sociedad civil.

clip_image001El gobernador Roberto Borge en plena entrega de alimentos a cambio de basura, como errónea o deliberadamente llaman los funcionarios gubernamentales a los materiales reciclables.

En tales condiciones, podría pensarse que el programa denominado Basura por Alimentos que puso en marcha por su cuenta el gobierno de Quintana Roo después de anunciarse el plan municipal de separación y reciclado de desechos, permitiría reforzar estas acciones.

Sin embargo, no ha sido así. No hubo ninguna coordinación sino competencia, y en la práctica Basura por Alimentos complica el problema de los crecientes volúmenes de desperdicios en Cancún, entorpece su solución y en cierto grado contribuye a agravarlo. A juzgar por la forma en que se lleva a cabo y sus resultados, es sólo uno de esos programas de relumbrón, paternalistas y con fines propagandísticos, a todas luces ideado con el propósito de opacar los esfuerzos de las autoridades municipales de Cancún en el terreno de la recolección y el reciclado.

Por principio de cuentas, el nombre mismo del programa es erróneo —o quizá deliberadamente impreciso—, pues en realidad lo que se recibe a cambio no es basura, sino material reciclable. Esto contribuye a crear confusión entre la gente, al hacerle creer que si lleva una bolsa de basura regresará a casa con una dotación de arroz, frijol, frutas o verduras. En segundo lugar, en vez de ayudar a crear conciencia de que los ciudadanos tienen la responsabilidad y la obligación de contribuir a solucionar el problema de los residuos sólidos mediante su separación en el hogar tal y como se hace ya exitosamente en otras ciudades —Mérida o Querétaro por ejemplo—, fomenta la idea de que la autoridad debe pagarle por ello. Y cuando se deje de hacerlo —porque evidentemente este es un programa pasajero con tintes políticos— las autoridades municipales, no sólo de Cancún sino de los demás municipios en que se aplica el programa, se encontrarán con la resistencia de los vecinos a separar los desperdicios si no se les da algo a cambio.

Otro problema es que se trata de una acción sin planificación ni continuidad, sino itinerante, que un día se realiza en un lugar, en otra ocasión en otro, sin que exista periodicidad ni certeza de los sitios en que se realizará el canje.

Y por si todo lo anterior fuera poco, un efecto colateral del programa Basura por Alimentos es que —paradójicamente— propicia la diseminación de basura en la vía pública. Con frecuencia, pepenadores y desempleados rompen las bolsas de basura que los vecinos dejan para ser recogidas por el camión recolector, a fin de hurgar en ellas en busca de cartón, plástico, aluminio y demás materiales que se reciben en el programa. Como resultado, la basura se dispersa, y luego llegan perros y gatos a empeorar las cosas.

Todo esto contrasta con otras eficientes acciones, como el llamado Reciclaton, que viene realizándose con toda regularidad desde hace años, y en el cual ya se ha logrado la participación de varios miles de familias que en forma consciente y voluntaria, cada último sábado de mes llevan aparatos eléctricos y electrónicos y otros objetos y materiales a un centro de acopio.

En el fondo, Basura por Alimentos es uno más de esos programas que explotan las necesidades y la pobreza de la gente y la hacen cada vez más dependiente de las dádivas gubernamentales.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 10 de diciembre de 2012.

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