Los ikoot istmeños y las transnacionales

IMPACTO AMBIENTAL

Los ikoot istmeños y las transnacionales[1]

Juan José Morales

Hace años, cuando escribía para la revista Técnica Pesquera, tuve oportunidad de convivir con los indígenas huaves «”o ikoot como es más apropiado llamarles»” de la zona del istmo de Tehuantepec en Oaxaca, y conocer de cerca, en sus precarias embarcaciones y bajo el sol abrasador de la región, la dura y fatigosa forma en que se ganan la vida pescando en las lagunas costeras, con el agua hasta el pecho y lanzando una y otra vez las pesadas atarrayas.

Ahora he vuelto a saber de ellos, debido a la oposición que «”se dice»” presentan a los proyectos de instalar aerogeneradores eléctricos en su territorio, y por lo cual se les tacha de enemigos del progreso.

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Aerogeneradores en el istmo de Tehuantepec. A la fecha hay 685 instalados en once centrales o parques eólicos. Ocupan ocho mil hectáreas «cedidas» en arrendamiento por los ejidatarios y hay en construcción cuatro centrales más, sobre otras tres mil hectáreas, con 339 nuevos generadores que comenzarán a operar en breve.

Pero es falso que los ikoot se opongan al progreso y al desarrollo. A lo que se oponen «”y tienen toda la razón del mundo»” es a ser despojados de sus tierras, a la corrupción de los funcionarios públicos, políticos y dirigentes ejidales que se prestan a ello, a que se acaben sus fuentes de trabajo y a quedarse en la miseria.

Porque la realidad es que los grandes proyectos eoloeléctricos que transnacionales españolas, japonesas, danesas y holandesas desarrollan en la región ístmica se fundan precisamente en todo eso. Y, contra lo que dicen pomposamente funcionarios federales y estatales, tales proyectos no son fuente de empleo para los lugareños, excepto como barrenderos o peones de construcción. Los puestos técnicos y de obreros calificados los ocupa gente llegada de otros lugares, y los altos cargos directivos «”desde luego»” están reservados para extranjeros. Sobre todo ahora que, con motivo de la crisis económica en España, cientos de miles están emigrando en busca de empleo.

Las cosas han querido presentarse como si en el istmo no hubiera ninguna actividad productiva y las compañías españolas hubieran llegado a remediar la situación y transformar la región en un emporio. Pero la realidad es que ahí había una importante actividad agropecuaria «”agricultura, ganadería y pesca»”, y que los terrenos donde se realizaba han sido acaparados por las transnacionales mediante leoninos contratos de arrendamiento impuestos a los pobladores por la fuerza, mediante engaños, o a través de líderes corruptos. Ya campesinos, ganaderos y pescadores no pueden realizar sus actividades tradicionales… y tampoco tienen empleo en las modernas instalaciones eoloeléctricas.

En las mil cien hectáreas que ahora ocupa el Parque Eurus, por ejemplo, se producían anualmente entre 11 y 12 mil toneladas de sorgo, maíz y caña de azúcar. Hoy ahí no hay más que hierbas mientras la crisis alimentaria se agudiza. Además, se ha alterado el flujo de agua que irrigaba los campos y alimentaba a las lagunas, amenazando así a la pesca.

Todo ello, por lo demás, ocurre en un ambiente de opresión y represión por parte de grupos de golpeadores que se mueven impunemente, las guardias blancas de las empresas, la policía estatal y hasta el estado mayor presidencial. Han ocurrido hechos como los incendios intencionales, en Unión Hidalgo, de un palmar que los habitantes se niegan a entregar a las empresas y que evidentemente fue quemado para que, al convertirlo en un terreno calcinado e inútil, los comuneros terminen cediéndolo.

Por eso la gente se ha rebelado. Por eso en enero de este año el pueblo echó del palacio al presidente municipal de San Dionisio del Mar que había autorizado, sin consultar a la población, el cambio de una gran extensión de terreno de uso agrícola a industrial. Por eso los ikoot se oponen, no al progreso y el desarrollo, sino al despojo, la injusticia y la corrupción y a que se les deje en la miseria.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 23 de noviembre de 2012.

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