Todos contra el dragón

IMPACTO AMBIENTAL

Todos contra el dragón[1]

Juan José Morales

Pocos proyectos han concitado tanta oposición en Quintana Roo como el del Dragon Mart Cancun (así, en inglés y sin acentos), el gran centro de distribución de productos chinos que se planea establecer entre Cancún y Puerto Morelos. Contra él se han pronunciado no solamente los grupos ambientalistas y los académicos, sino también organizaciones de profesionistas y empresarios, tanto del propio Quintana Roo como de los estados de la península y de la costa del Golfo.

clip_image002Así será el gran centro de distribución de productos chinos de Cancún, según los lujosos folletos publicitarios. Ocupará mayor extensión y se planea que tenga mayor volumen de negocios que el Dragon Mart de Dubai, en los Emiratos Árabes Unidos.

Que haya tan generalizada oposición, resulta muy explicable por la forma subrepticia, casi clandestina en que se está desarrollando este proyecto, iniciado bajo el cobijo del anterior mandatario quintanarroense, Félix González Canto, y continuado entusiastamente por el actual, Roberto Borge. Ambos lo han llevado a cabo prácticamente en secreto o «”para usar el término de moda»” con total opacidad, ocultando y negando información, saltándose disposiciones legales y sin informar siquiera oficialmente al ayuntamiento de Benito Juárez, en cuyo territorio se está construyendo ese gran enclave comercial chino.

Y cuando decimos gran enclave hay que tomarlo al pie de la letra. Se trata de un proyecto que abarca más de un millón de metros cuadrados, tres mil pabellones de exhibición de empresas chinas, hoteles, viviendas unifamiliares y edificios de departamentos para miles de comerciantes y altos empleados chinos que ahí vivirán, enormes bodegas y otras edificaciones diversas.

Para tener una idea de la forma subrepticia, clandestina, en dudosas condiciones de legalidad y a espaldas de sus gobernados, en que ambos gobernadores han manejado el proyecto, basta decir que no se ha autorizado el cambio de uso de suelo del terreno que ocupa, que no cuenta con licencia de construcción, que ya se ha arrasado la vegetación en cientos de miles de metros cuadrados sin autorización de la Semarnat, y que el Instituto de Impacto y Riesgo Ambiental de Quintana Roo «”dependiente del gobierno del estado»” autorizó a toda prisa la manifestación de impacto ambiental del Dragon Mart, sin realizar previamente la consulta pública que establece la ley, y se niega a dar a conocer el documento, aunque se le ha solicitado reiteradamente y por ley está obligado a difundirlo.

Otra grave anomalía es que, también por disposición legal, en los terrenos que ocupa el Dragon Mart está prohibido realizar proyecto inmobiliario alguno durante 20 años, contados a partir de 2008, cuando el lugar fue afectado por incendios forestales. Dicha prohibición «”de carácter general, para toda área siniestrada»” fue adoptada para evitar que «”como había estado ocurriendo»” se provocaran incendios a fin de justificar el cambio de uso de suelo de forestal a comercial, habitacional, industrial o de otro tipo, con la consiguiente especulación inmobiliaria. El gobierno del estado se ha saltado a la torera esa prohibición. Por otro lado, no deja de ser sumamente sospechoso que los incendios hubieran ocurrido en 2008, un año después de que González Canto anunciara el proyecto. Tal parece que con el fuego «alguien» quiso despejar el camino para lograr un cambio de uso de suelo.

En fin, el asunto del Dragon Mart no sólo huele mal. Puede decirse que hiede. Todo indica que tras él se oculta un sucio y pestilente negocio que involucra a altos funcionarios coludidos con grandes inversionistas; un negocio que dejará suculentas ganancias a esos funcionarios y a las empresas extranjeras que ahí se instalen pero que ocasionará graves daños ambientales, sociales y económicos que por ahora no vamos a detallar.

De aquí la oposición, no sólo de grupos ambientalistas, sino incluso de hoteleros y otros prestadores de servicios turísticos de la región, y de los pequeños y medianos empresarios del sureste y la costa del Golfo en particular y de todo México en general, que tiemblan ante la invasión de mercancías chinas de todo tipo. En Yucatán, por ejemplo, se estima que arruinará a la industria del vestido y dejará sin empleo a la mitad de las siete mil personas que actualmente trabajan en ella.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 3 de diciembre de 2012.

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