Refrescos, impuestos y salud pública

ESCRUTINIO

Refrescos, impuestos y salud pública[1]

Juan José Morales

Como era de esperarse, la iniciativa presentada por las bancadas del PRD, el PAN y el PT ante el Congreso de la Unión para gravar los refrescos con un impuesto del 20%, ha encontrado una fuerte oposición por parte de los fabricantes de los mismos. Alegan que si se hace tal cosa, quedarán sin empleo miles de trabajadores de las embotelladoras y se verá afectada la economía de los pequeños establecimientos comerciales —las “tienditas de la esquina”—, sin que con tal medida realmente se combata la epidemia de obesidad que actualmente padecemos en México, puesto que —dicen— el sobrepeso y la obesidad “obedecen a factores multifactoriales” y no sólo al consumo de gaseosas.

clip_image001Alegan los fabricantes que un impuesto a los refrescos “afectaría la economía de los sectores de más bajos ingresos”. Pero actualmente su economía y su salud se ven afectados al destinar gran parte del presupuesto familiar a comprar esas bebidas, caras y sin valor nutritivo, en vez de leche, frutas, verduras y otros alimentos.

Que al reducirse el consumo de refrescos se reducirá el número de puestos de trabajo en la industria, es cierto desde luego. Y que la obesidad no se debe sólo a esas bebidas, también lo es. Pero en cuanto a lo primero, vale la pena preguntarse si por proteger algunos miles de empleos —o más bien el negocio de los fabricantes— debe afectarse la salud de decenas de millones de personas. Y en cuanto a lo segundo, si bien no sólo las gaseosas engordan, no menos cierto es que son la causa principal de la obesidad y el sobrepeso entre los mexicanos.

En efecto, aunque no faltan quienes dicen que el problema no está en los refrescos sino en los alimentos tradicionales, como tamales, quesadillas, panuchos, salbutes, gorditas, cochinita, tacos, sopes, etc., el hecho es que por generaciones esos platillos han sido parte de la dieta normal de los mexicanos sin que se registraran los alarmantes índices de obesidad y sobrepeso registrados durante las últimas décadas. Y esto coincidió —lo cual desde luego no es casual— con el desmesurado incremento en el consumo de refrescos, en el cual los mexicanos ocupamos un nada envidiable primer lugar mundial.

Y cuando decimos desmesurado, hay que tomarlo al pie de la letra. En promedio, cada mexicano se echa al estómago 163 litros de refresco al año. Por contraste, en Estados Unidos el promedio anual es de 118 litros. O sea, que aquí bebemos 40% más. Y como resultado, más de la tercera parte de los niños de 5 a 11 años, casi el 70% de los hombres adultos y el 73% de las mujeres presentan obesidad o sobrepeso, con todos los graves problemas de salud que ello implica y cada año causan cientos de miles de enfermedades, muertes o incapacidad.

Lo que se pretende con el impuesto es tratar de desalentar el consumo de bebidas azucaradas al hacer que resulten más caras. Y en ello México no sería un caso aislado. En Europa hay una creciente tendencia en esa dirección. Leyes e impuestos con tal propósito se han aprobado recientemente en Hungría, Francia, Italia y Dinamarca, y hay proyectos similares en Israel, Portugal y Nueva Zelanda entre otros países.

En Estados Unidos hay también en la comunidad médica y en ciertos sectores sociales una fuerte corriente de opinión para gravar las gaseosas, aunque los proyectos de ley en tal sentido presentados en las legislaturas estatales se han visto frenados y en algunos casos derrotados, por la presión de la industria refresquera. Y es que, al igual que en México, existe gran preocupación por los graves daños para la salud que ocasiona la ingesta de refrescos. Un estudio científico publicado recientemente en la revista Health Affairs, por ejemplo, llegó a la conclusión de que un modesto impuesto a las gaseosas podría desincentivar el consumo en grado suficiente para evitar 240 mil casos de diabetes por año.

Ya veremos qué ocurre en México con el proyectado impuesto, que al parecer será combatido por los legisladores del PRI y su apéndice el Verde.


[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 1 de enero de 2013.

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