Torturas: la paja en el ojo ajeno

ESCRUTINIO

Torturas: la paja en el ojo ajeno[1]

Juan José Morales

Desde que, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las torres gemelas de Nueva York, se abrió una prisión especial del gobierno norteamericano en la base naval de Guantánamo en Cuba, se ha estado denunciando que en ese lugar se somete a tortura a los prisioneros de diferentes nacionalidades capturados en las guerras de Irak y Afganistán o en distintos países durante operaciones antiterroristas. Incluso, hace poco se reveló que uno de los métodos usados para ello consiste en obligarlos a escuchar a todo volumen y sin cesar durante horas o días, a través de audífonos que no pueden quitarse por estar maniatados, canciones del programa infantil de televisión Plaza Sésamo.

clip_image001Manifestantes de Amnistía Internacional, uniformados y encapuchados como los presos de Guantánamo, protestan en Estados Unidos contra las torturas que se practican en ese lugar. «Trata a los demás como te gustaría ser tratado», dice el cartel del fondo.

Que la tortura es usual en ese lugar, ha sido confirmado en varias ocasiones, la más reciente de ellas por un estudio publicado en la revista científica norteamericana Public Library of Science. Medicine. La investigación fue realizada por el médico Vincent Iacopino1, de la escuela de medicina de la Universidad de Minessota en Estados Unidos, y Stephen N. Xenakis, general brigadier retirado del ejército norteamericano. Es estudio de tipo documental, basado en el examen de informes de los abogados, declaraciones de los presos, actas y registros de los juicios, expedientes médicos de la cárcel y otros materiales similares, pues «”obviamente»” a los autores no se les permitió conocer las condiciones de la prisión ni, mucho menos, observar los interrogatorios a que se somete a los reclusos.

La documentación está relacionada con los procesos de nueve detenidos, y al examinarla, Lacopinol y Xenakis dicen haber encontrado suficientes evidencias de que fueron sometidos a tratos que de acuerdo con los convenios y leyes internacionales puede ser calificados como tortura si son aplicados por una autoridad, dado que «”como reza la convención de la ONU sobre el particular»” buscan causar «intencionalmente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o intimidar o coaccionar a esa persona o a otras». Por ejemplo, se les sometía a una prolongada privación de sueño impidiéndoles dormir, se les obligaba a permanecer en posturas incómodas y forzadas durante largo tiempo, se les mantenía desnudos durante los interrogatorios o en sus celdas y otros lugares, se les sumergía la cabeza en agua hasta que casi se ahogaban, se les sometía a simulacros de ejecución, y se les exponía por horas o días a temperaturas extremadamente bajas o demasiado elevadas.

Lo interesante de este asunto, es que el gobierno de los Estados Unidos considera dichas prácticas como actos de tortura… pero sólo cuando las aplican otros gobiernos. Así las califica en sus informes anuales sobre el estado de los derechos humanos en diferentes países. Sin embargo, cuando las realizan la policía, el ejército, la CIA o alguna otra dependencia gubernamental norteamericana, se consideran «prácticas seguras, legales, éticas y efectivas» y simples métodos de «interrogatorio reforzado». Así las definió oficialmente el gobierno de Washington en 2002, durante la oleada de histeria que siguió a los atentados del 11 de septiembre. Incluso, la CIA y el Departamento de Defensa establecieron normas y lineamientos precisos sobre la manera en que deben ser realizadas, bajo supervisión de personal especializado y cuidando de no sobrepasar ciertos límites, seguramente para no causar la muerte del prisionero.

Se trata, pues, del típico caso de ver la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio. Si cualquier gobierno somete a alguien a tratos como los descritos, Washington lo califica de torturador y violador de los derechos humanos. Pero si son la CIA, la policía o el ejército norteamericanos los que hacen tal cosa, entonces son sólo «interrogadores».

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 16 de enero de 2013.

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