Un pontificio caballero pederasta

ESCRUTINIO

Un pontificio caballero pederasta[1]

Juan José Morales

Como se diría en el lenguaje popular, le sigue lloviendo en su milpita al Vaticano. Después del sonado escándalo del padre Maciel «”fundador de la congregación de los Legionarios de Cristo, pederasta, bígamo, adúltero y otras lindezas»”, a quien el papa Juan Pablo II había colmado de honores y distinciones y descrito como ejemplo y modelo para la juventud, ahora la Santa Sede se enfrenta a un caso parecido: el de un famoso personaje de la televisión británica fallecido hace poco, Jimmy Savile, conductor de importantes programas de la BBC.

clip_image001Por lo menos 300, y probablemente 450, fueron las víctimas de este delincuente sexual, que gracias a la protección y el encubrimiento de autoridades de todo tipo, pudo continuar cometiendo sus tropelías durante décadas e incluso recibió honores y distinciones del Vaticano y la monarquía británica.

A fines de la semana pasada, las autoridades policiales de la Gran Bretaña anunciaron que se reabrirían las investigaciones sobre este individuo, de quien se comprobó que era un delincuente sexual y había abusado de cientos de menores de edad. Aunque, a diferencia de Maciel, prefería chicas y no chicos.

Si El Vaticano ha resultado salpicado por el escándalo de Savile, es porque el ilustre sujeto había sido nombrado en 1990, por el propio papa Juan Pablo II, caballero papal. Pero no un simple caballero, sino que ostentaba el pomposo nombramiento de Caballero Comandante de la Orden Ecuestre Pontificia del Papa San Gregorio el Grande.

A modo de breviario cultural, añadiremos que la dicha orden fue establecida en 1831 por el papa Gregorio XVI para honrar a su antecesor, Gregorio I. Con el título de caballero de la misma «se premian los méritos por destacados servicios, en favor de la Santa Iglesia» de aquellos «señores de probada lealtad a la Santa Sede que, por razón de su nobleza de nacimiento y la notoriedad de sus actos o el grado de su generosidad, se consideran dignos de ser honrados por una expresión pública de estima por parte de la Santa Sede».

El Vaticano, dicho sea de paso, ya informó que no le retirará el caballeresco y pontificio título a Savile. En una extraña y confusa declaración, el portavoz papal, cardenal Federico Lombardi, dijo que si bien la Santa Sede condena «en el modo más firme los crímenes horribles de abuso sexual a menores», y considera «gravísimo» lo que salió a la luz sobre Savile en días pasados, no anulará su nombramiento de Caballero de la… etc., porque en los archivos del Vaticano no hay registro de que se le haya otorgado «”aunque tal cosa fue pública en su momento»” y «no es posible quitar a una persona difunta de una lista inexistente».

Las salpicaduras, por lo demás, no sólo alcanzaron a la Santa Sede sino también al palacio de Buckingham y Su Majestad la Reina Isabel II, que lo había nombrado caballero de la Excelentísima Orden del Imperio Británico.

Savile, según comprobaron las autoridades inglesas, había cometido violaciones o abusos sexuales diversos contra más de 300 menores de edad, en algunos casos de sólo ocho años de edad, niñas y adolescentes en su casi totalidad. Pero, aunque se le había acusado en repetidas ocasiones, nunca se actuó contra él. Fue sólo después de su muerte, en 2011, cuando finalmente se decidió iniciar una tibia investigación.

En el informe oficial difundido el pasado viernes 11 de enero, las autoridades británicas admitieron que ni la policía, ni la BBC, ni los directores de las escuelas en que estudiaban las víctimas, ni los médicos de los hospitales en que fueron atendidas o «”peor aún»” fueron atacadas por tan ilustre personaje, le dieron importancia a sus denuncias. Es más: en algunos casos incluso les recomendaron que callaran y no insistieran en acusarlo. En muchas ocasiones, las denuncias ni siquiera quedaron registradas «”o desaparecieron de los archivos»”, y en las muy raras ocasiones en que Savile fue interrogado, se le trató con tal deferencia que casi le ofrecieron disculpas. Ello ocurrió no sólo en Londres, sino en otras ciudades británicas.

Así, este depredador sexual pudo seguir cometiendo sus tropelías con todo descaro durante décadas. Incluso hubo ocasión en que frente a las propias cámaras de televisión realizó abiertos tocamientos sexuales.

No sé por qué el caso me recuerda el de Maciel, las acusaciones contra el cual fueron tachadas de calumniosas y malévolas e ignoradas por las más altas autoridades eclesiásticas, que lo encubrieron y protegieron casi hasta el final de su vida. Pero finalmente «”como con Savile»” la verdad salió a la luz.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 15 de enero de 2013.

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