Cáncer y mandamientos religiosos

ESCRUTINIO

Cáncer y mandamientos religiosos[1]

Juan José Morales

Hace poco, escuché un programa de radio en el cual un médico homeópata afirmaba muy seriamente que si en la actualidad se registra mayor número de casos de cáncer que hace 100 ó 200 años, es porque —contra lo que ordenan las diversas religiones— “hemos olvidado a nuestros ancestros”. Esto es, porque ya no les guardamos el debido respeto, porque no los honramos, porque se han roto las tradiciones familiares y porque los hijos heredan, no alguna predisposición genética a ese mal, sino los problemas emocionales que sufrieron sus madres, abuelas y bisabuelas debido a malos tratos o el abandono de sus maridos.

Y como prueba de sus asertos, el médico en cuestión citaba el quinto mandamiento bíblico: “Honrarás a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”. O para decirlo con otras palabras: más gente muere ahora de cáncer porque no respeta a sus progenitores y no sigue los mandamientos de la ley de Dios.

Hay, sin embargo, una contradicción en tales afirmaciones: la gente no vive ahora menos que antes sino más —mucho más— y si muere de cáncer es justamente por su mayor longevidad, no porque Dios la castigue acortándole la existencia por ser irrespetuosa con sus padres.

En efecto, la vida del ser humano se ha ampliado espectacularmente durante los últimos cien años. En el caso de México, mientras en 1930 la esperanza promedio de vida al nacer era de poco menos de 34 años, en la actualidad rebasa holgadamente los 75 y se aproxima a los 76. Es decir, se ha más que duplicado.

clip_image002Como muestran las gráficas, en sólo 80 años la esperanza de vida en México ha aumentado en más del doble gracias a los avances de la medicina. Sobre todo para las mujeres. Ello ha hecho que se modifiquen también sustancialmente las causas de mortalidad. Actualmente la mayor parte de la gente muere por padecimientos no transmisibles, como el cáncer y los males cardiovasculares, y no por enfermedades infecciosas.

Y como los mexicanos —y los habitantes del mundo en general— llegan a edades cada vez más avanzadas, tienen mayores probabilidades de padecer enfermedades del tipo que los médicos llaman degenerativas, como el cáncer, los males cardiovasculares y las enfermedades respiratorias crónicas, todas las cuales se deben al deterioro del organismo.

A ello, hay que agregar cambios en los hábitos alimenticios y las formas de vida. En particular el alto consumo de alcohol y de tabaco, el sedentarismo y una dieta abundante en azúcar, sal y grasas saturadas, y pobre en frutas, verduras y vegetales en general. Todo esto —dicho sea de paso— explica por qué tal tipo de enfermedades también afectan en gran medida a personas menores de 60 años.

En la actualidad, y por primera vez en la historia, la mayor parte de los fallecimientos se deben a enfermedades no transmisibles, como diabetes, cáncer o males respiratorios y cardiovasculares, y no —como ocurría hasta tiempos bastante recientes— a enfermedades infecciosas del tipo del sarampión, el cólera, la viruela, la poliomielitis, la tifoidea, la difteria o la tuberculosis, que han sido prácticamente erradicadas gracias a los antibióticos y las vacunas.

En estos tiempos ya no ocurren devastadoras epidemias, ni —salvo en los estratos más pobres y en los países más atrasados— se registran altos índices de muerte por padecimientos infecciosos gastrointestinales. De los alrededor de 53 millones de fallecimientos que ocurren anualmente en todo el mundo, 35 millones —casi dos terceras partes— son causados por enfermedades no transmisibles.

No hay, pues, que andarle buscando tres pies al gato, ni explicaciones morales y religiosas a la mayor incidencia de cáncer. No morimos de él por castigo divino a consecuencia de haberle perdido el respeto a los mayores o por no cumplir algún mandamiento de la Biblia, la Torá o el Corán, sino simplemente porque ya no morimos de otras enfermedades que antes diezmaban a la población pero que la medicina —no la homeopatía— ha derrotado.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 24 de enero de 2013.

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