Acreción, creación y el tamaño del infierno

ESCRUTINIO

Acreción, creación y el tamaño del infierno[1]

Juan José Morales

En mi libro La península que surgió del mar, publicado dentro de la colección Biblioteca Básica de Yucatán, hablo del desplazamiento de los continentes —gracias al cual la península de Yucatán llegó a su posición actual—, y un lector me ha escrito preguntando si ese fenómeno se debe a que, según leyó en Internet, la Tierra está expandiéndose, haciéndose cada vez mayor tanto en diámetro como en volumen y superficie. Así lo aseguran, dice, un geólogo australiano de nombre James Maxlow —quien incluso ha publicado un libro sobre el particular— y los miembros de cierta organización denominada Expanding Earth (Tierra en Expansión), que encabeza un tal Lawrence S. Myers, comandante naval retirado de la marina norteamericana.

clip_image002El sonriente caballero de la imagen es James Maxlow, uno de quienes sostienen que la Tierra se encuentra en un acelerado proceso de expansión debido al cual su volumen y superficie se han incrementado a más del doble en el último par de millones de años y ello ha ocasionado la separación de los continentes.

Esa supuesta teoría sostiene que hace 200 ó 250 millones de años la Tierra era 60% menor que ahora, no había mares ni océanos sino sólo tierra firme, y desde entonces ha estado, por así decir, inflándose, con lo cual los continentes se fueron separando y se formaron entre ellos extensas cuencas que al llenarse de agua se convirtieron en océanos.

Todo esto no tiene el menor sustento científico e incluso se contrapone a hechos tan evidentes como la formación de volcanes y cadenas montañosas. Por ejemplo la del Himalaya o las cordilleras de la costa mexicana del Pacífico. Este proceso es resultado del encuentro de placas continentales, ya sea porque chocan frontalmente como sucede en Asia, o porque una se introduce bajo la otra, como en el caso de México. La colisión de esas enormes masas hace plegarse la superficie terrestre y elevarse el terreno. Los volcanes, a su vez, se forman cuando la subducción —o sea la penetración de una placa bajo otra— comprime el material de la corteza terrestre y forma magma, o sea roca fundida por el calor, que luego brota en los volcanes.

Nada de lo anterior podría ocurrir si la superficie terrestre se estuviera expandiendo. Al contrario, las montañas irían desapareciendo y los volcanes apagándose.

Por otro lado, esa seudoteoría no explica satisfactoriamente a qué se debe el aumento de volumen de la Tierra. Sólo habla vagamente de material que llega del espacio, de que el núcleo del planeta se está hinchando debido al calor generado al comprimirse por el peso de las capas externas y por la desintegración de material radiactivo, o de la constante formación de materia y antimateria debido a “fluctuaciones cuánticas”.

Ninguna de esas explicaciones resiste el menor análisis. Si nos cayera suficiente material extraterrestre para hacer crecer la Tierra, por ejemplo, estaríamos sometidos a un verdadero bombardeo de meteoritos y la vida sería imposible. En cuanto a la materia y la antimateria, se aniquilan mutuamente casi en el momento mismo de formarse. También, en una Tierra en expansión la fuerza de gravedad iría debilitándose, y las evidencias geofísicas indican que durante miles de millones de años ha sido igual.

Lo de la expansión de la Tierra, en fin, es algo sin pies ni cabeza. Ningún geofísico lo toma en serio. Pero hay quienes lo creen, e incluso —curiosamente— ha sido adoptada por algunos grupos creacionistas, de esos que siguen sosteniendo que nuestro planeta —y el Universo todo— fue creado por Dios hace sólo unos pocos miles de años.

Y una de las divertidas razones por las que los creacionistas consideran cierto lo de la acreción de la Tierra —término, acreción, que con sólo cambiarle de lugar la a se convierte en creación— es, dicen, porque debido a ese fenómeno el infierno, situado en el centro del planeta, se está haciendo cada día más grande, y de esa manera puede acoger a la creciente cantidad de pecadores que son enviados a sus hirvientes calderas en castigo por no creer en su existencia.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 28 de febrero de 2013.

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