Bárbara Fox y la disforia de género

ESCRUTINIO

Bárbara Fox y la disforia de género[1]

Juan José Morales

Lo más probable es que usted no sepa quién es Bárbara Fox. Ni tampoco Ámbar Gay, o Ámbar Berenice Gaynor Manzur, o tampoco le diga nada el nombre de Andrea Elizabeth de los mismos apellidos, ni mucho menos el de Leonardo Gaynor Manzur. Pero en todos los casos se trata de la misma persona. Nació como este último, adoptó los dos primeros como nombres artísticos, y finalmente —tras intervenciones quirúrgicas y trámites legales— terminó siendo Andrea Elizabeth.

clip_image001De esta en apariencia enrevesada historia se habla en un libro de largo y grandilocuente título: Bárbara Fox: por toda la eternidad. Autobiografía de la primera mujer transexual en Yucatán, recientemente salido de las prensas de la editorial yucateca Compañía Editorial de la Península y cuya portada vemos a la derecha.

No es una obra con mayores méritos literarios o de otro tipo. Incluso pueden criticársele errores de redacción. Pero hoy nos ocupamos de él porque aborda —si bien de manera muy limitada, como una historia personal y sin profundizar en el tema— el fenómeno de la transexualidad, también llamado disforia de género o Síndrome de Benjamín, en honor del médico alemán Harry Benjamín, quien por primera vez propuso la terapia hormonal para atender a los transexuales.

Aquí, antes de seguir adelante, conviene precisar que la transexualidad es distinta de la homosexualidad o la bisexualidad. Tampoco debe confundirse al transexual con el travesti, que es aquella persona a quien gusta utilizar la vestimenta del sexo opuesto —principalmente hombres que se visten y maquillan como mujeres— pero no rechazan su cuerpo ni sienten la necesidad de modificarlo.

Un transexual —continuemos precisándolo— no es simplemente un homosexual o una lesbiana. Mucho menos un travesti o un bisexual. Es una persona que por su físico y sus órganos genitales pertenece a un sexo, pero su mentalidad corresponde al sexo opuesto. Así, un transexual femenino es un hombre que se siente, piensa y actúa como mujer aunque posea pene y testículos y carezca de senos. A la inversa, un transexual masculino es una mujer que se siente hombre y tiene mentalidad de tal, aunque posea vagina, clítoris, ovarios y senos y carezca de pene y testículos. O, para decirlo en términos ya usuales: el transexual es una mente de mujer aprisionada en un cuerpo de hombre, o viceversa.

Ser transexual no es una perversión, una desviación, un capricho, una moda, una tendencia cultural ni —mucho menos— cuestión de simple preferencia sexual. Es una realidad física y mental, por lo demás muy dura y difícil de sobrellevar en una sociedad donde, pese a las leyes, persisten los prejuicios, el machismo, la discriminación y las normas religiosas.

La transexualidad no es muy común. Estudios recientes indican que alrededor de una de cada 30 mil personas nacidas con genitales masculinos y una de cada 100 mil nacidas con genitales femeninos, son transexuales, sin que se sepa aún por qué tal situación es más frecuente entre hombres que entre mujeres.

Como es de suponer, para un transexual la vida resulta en extremo difícil. Como ha escrito alguien, “el verdadero problema del transexual, hoy, no es que esté atrapado en un cuerpo equivocado. El verdadero problema del transexual, hoy, es que está atrapado en una mentalidad social equivocada”.

Por fortuna, ahora ya no se persigue, encarcela ni envía al patíbulo a los transexuales —ni siquiera a los homosexuales, aunque todavía ello ocurre en países musulmanes— pero sí son objeto de rechazo, hostilidad y discriminación encubierta. Y de ello habla precisamente este libro. De la vida de un transexual en la sociedad mexicana, y particularmente en una sociedad conservadora y tradicionalista —en el peor sentido del término— como es la yucateca. En él se relata cómo desde la infancia el entonces varón, al manifestar su femineidad, fue objeto de segregación, burlas, severos castigos, abuso sexual y violaciones, y cómo tuvo que desenvolverse —sin ser nada de eso— en un ambiente de homosexuales y prostitutos, y cómo debió canalizar sus inquietudes artísticas por el camino del travestismo, hasta que finalmente se sometió a la operación de cambio de sexo ý pudo transformarse físicamente en mujer.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 19 de marzo de 2013

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