El meteorito de Rusia y las bombas sónicas

ESCRUTINIO

El meteorito de Rusia y las bombas sónicas[1]

Juan José Morales

Quizá habrá usted observado, al leer las informaciones sobre el meteorito que hace unos días cayó cerca de Chelyabinsk en Rusia, que los extensos daños que ocasionó y las heridas que causó a más de mil personas, no se debieron al impacto de fragmentos de ese objeto, sino a lo que se conoce como estampido sónico, una poderosa onda sonora de tal intensidad que puede romper ventanas y dañar estructuras. De hecho, la mayor parte de los heridos lo fueron por fragmentos de vidrio de los miles de ventanas destrozadas. A nadie lo golpeó un pedazo del meteorito.

Para entender mejor esto, hay que recordar que un estampido sónico se produce cuando un objeto atraviesa el aire a mayor velocidad que el sonido. En su desplazamiento, forma una onda de choque que, al llegar al suelo se escucha como una detonación, seca y breve pero muy violenta y de tal intensidad que puede lesionar los tímpanos o provocar hemorragias nasales y otros daños. Los estampidos sónicos más conocidos son los que producen los aviones supersónicos a reacción, pero también los causan los meteoritos que entran a la atmósfera a miles de kilómetros por hora.

clip_image001El estampido de un avión supersónico se produce porque, al avanzar a mayor velocidad que el sonido, las ondas sonoras emitidas por el aparato no pueden precederlo sino que se acumulan en forma tras él, creando una onda de choque que se escucha como una breve pero muy fuerte detonación que de hecho es todo el sonido emitido durante un largo período. En la foto, un avión al alcanzar velocidad supersónica. El cambio en la presión del aire causado por su movimiento hace que el vapor de agua del aire se condense en forma de gotitas que forman esa especie de nube cónica.

En el caso de Rusia, las informaciones señalan que los estruendosos estampidos sembraron el terror entre los habitantes de la región, muchos de los cuales entraron en pánico, creyeron hallarse bajo un ataque aéreo o ante el fin del mundo o sufrieron crisis nerviosas.

Pues bien, lo que padecieron los habitantes de esa región de Rusia lo sufren repetidamente desde hace años los palestinos confinados en la franja de Gaza. Pero no por fenómenos naturales, sino a consecuencia de actos deliberados del ejército israelí que sigue cometiéndolos pese a haber sido condenados por las Naciones Unidas y por organizaciones médicas internacionales: el uso de las llamadas bombas sónicas para aterrorizar y desmoralizar a los habitantes de Gaza, esa especie de campo de concentración de apenas 360 kilómetros cuadrados donde viven apiñados casi millón y medio de palestinos.

En julio de 2006 escribíamos al respecto en esta columna: “En el momento menos esperado, a cualquier hora del día o de la noche, lo mismo a las dos o tres de la madrugada, cuando casi toda la población duerme, que por las mañanas cuando los niños están en la escuela, o a la hora de la comida familiar, los cazabombarderos a reacción israelíes aparecen de pronto a baja altitud, aceleran hasta romper la barrera del sonido y pasan sacudiendo los edificios y espantando a la gente. Las consecuencias del bombardeo sónico sobre la población civil son devastadoras. De acuerdo con los médicos de las clínicas de la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos, las personas sometidas a él llegan a sufrir importantes daños físicos y mentales, como dolor de oídos, hemorragias nasales, ataques de ansiedad, espasmos musculares, sordera temporal y dificultades respiratorias.” Incluso, se han dado casos de mujeres que abortan por esa causa. Todo ello sin contar las paredes agrietadas y las ventanas destrozadas por los poderosos estampidos.

Las bombas sónicas afectan a todos, pero especialmente a los niños, que sufren trastornos sicológicos, como sentimientos de inseguridad, pesadillas, insomnio, temor ante cualquier ruido o movimiento inesperado, incontinencia urinaria y otros problemas por el estilo. Por ello la ONU ha pedido a Israel que deje de utilizar tales tácticas, que constituyen una flagrante violación a las leyes internacionales. Por ejemplo, al artículo 33 de la Cuarta Convención de Ginebra, destinada a proteger a la población civil en caso de guerra. Dicho artículo prohíbe utilizar castigos colectivos o cualquier tipo de intimidación o terrorismo contra los civiles.

Pero, pese a las condenas y peticiones de la ONU, Israel ha continuado utilizando durante años las bombas sónicas contra la población civil de la franja de Gaza. En ocasiones tres o cuatro veces cada noche, día tras día, durante semanas, con el deliberado propósito —anunciado explícitamente por el gobierno israelí— de que nadie pueda dormir tranquilo en Gaza.

Pero a veces se les pasa la mano. En una ocasión, las autoridades tuvieron que pedir disculpas porque los aterradores estampidos se escucharon también en territorio de Israel y ocasionaron una oleada de pánico y crisis nerviosas entre la población.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 19 de febrero de 2013.

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