Hora de cambiar de automóvil

ESCRUTINIO

Hora de cambiar de automóvil[1]

Juan José Morales

Si usted tuviera un automóvil cada vez más lento pero que consume cada vez más gasolina y cada vez le ocasiona más gastos, dificultades y problemas, ¿qué haría? ¿Conservarlo, o cambiarlo por uno mejor? Creo que la respuesta es obvia.

La política agrícola de México puede compararse al automóvil. De haber sido exportador de maíz, hoy es importador. Importamos también frijol, trigo, sorgo, soya, arroz y otros granos básicos, y del extranjero provienen igualmente —lo cual es más grave todavía— casi toda la semilla certificada y los esquejes que se siembran en el país para la mayoría de los cultivos, especialmente los granos básicos, con lo cual se acentúa nuestra dependencia alimentaria del exterior y en particular de las grandes empresas transnacionales que controlan esos insumos. Y para remate, la productividad agrícola de México es la más baja de Latinoamérica.

imageMéxico, que dio al mundo el maíz, posee numerosas razas y variedades adaptadas a muy diversas condiciones ambientales, que constituyen un verdadero tesoro genético. Pero de ser exportador del grano se ha convertido en importador. En la imagen, cartel de un festival del maíz en Tlaxcala.

Todo lo anterior lo señala en un artículo publicado en el número más reciente de la revista Ciencias, el Dr. Alfonso Larqué Saavedra, del Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY), miembro del Consejo Consultivo de Ciencias (CCC) del gobierno federal y coordinador de la Sección de Agrociencias de la Academia Mexicana de Ciencias.

Lo peor de todo, es que se ha llegado a tal situación pese a que México tiene al menos cuatro secretarías de estado y una multitud de comisiones, planes, leyes, programas, direcciones especiales, proyectos, fideicomisos privados y gubernamentales, instituciones crediticias, centros de investigación, fundaciones y otros muchos elementos cuya misión es elevar la producción agrícola, mejorar la productividad del campo y asegurar un abasto adecuado de alimentos y a los cuales se destinan cada año cuantiosos recursos.

Sencillamente, dice el Dr. Larqué, “el plan que se ha seguido para alcanzar la seguridad alimentaria de México no ha funcionado, y es urgente cambiarlo”.

Ciertamente, urge hacerlo. Sobre todo por tres razones. En primer lugar, porque la población mundial —y por ende la demanda de alimentos— está creciendo a tal ritmo que dentro de menos de 40 años, en 2050, habrá llegado a 9 mil millones de personas en vez de los 7 mil millones actuales. En segundo término, porque un porcentaje cada vez mayor de alimentos se destina a la producción de biocombustibles, con lo cual se reducen las disponibilidades reales y se incrementan sus precios. En tercer lugar, porque el calentamiento global y el cambio climático sin duda afectarán severamente la productividad agrícola. Se estima, señala el Dr. Larqué, que por cada grado que aumente la temperatura media anual de la Tierra disminuirán 10% los rendimientos de ciertos cultivos básicos.

 

El destacado investigador enlista una serie de acciones que pueden y deben tomarse para revertir esa situación que durante los últimos 40 años ha venido llevando a México a una situación cada vez más grave de dependencia del exterior en materia de alimentos y de pobreza alimentaria extrema, que ya afecta a 21 millones de mexicanos. No vamos a entrar en detalles, pues sería largo enumerarlas. Pero lo que puede decirse, usando las propias palabras del Dr. Larqué, es que ya no se puede seguir perdiendo el tiempo. “Es fundamental y urgente para México diseñar una estrategia para lograr la seguridad alimentaria manteniendo el medio ambiente”.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 13 de febrero de 2013.

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