A moverse como pez fuera del agua

ESCRUTINIO

A moverse como pez fuera del agua[1]

Juan José Morales

Una apreciada lectora, Maribel Hernández, me escribe preguntando mi opinión respecto a ciertas máquinas llamadas camas soqui, chi machine y e-power, que según su publicidad “sirven para desintoxicar el cuerpo, para desestresar y bajar de peso entre otros beneficios”.

Lo que puedo decir al respecto es que se trata de uno más de esos engaños con los que a cada rato se tropieza uno en la Internet, las revistas del corazón o de espectáculos y otros lugares.

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La promesa es tentadora: poder adelgazar y adquirir una figura escultural plácidamente tendida en el suelo, adormilada, sin mover ni las pestañas, y además desintoxicarse, cargarse de energía y evitar enfermedades. Todo ello lo ofrece la publicidad de la llamada Chi Machine, que es muy cara pero inútil.

La tal Chi Machine, denominada también en los anuncios “ejercitador aeróbico, ejercitador aeróbico pasivo, o Chi Machine ejercicio”, explota la vieja idea precientífica de que por el cuerpo fluye cierta energía “positiva” llamada chi, y que cuando su flujo se interrumpe o entorpece, sobrevienen problemas de salud. Del trebejo en cuestión se dice grandilocuentemente que “es la culminación de 38 años de investigación y desarrollo del Dr. Shizuo Inoue, un visionario en el campo de la medicina y presidente de oxígeno (sic) de la Asociación de Salud de Japón”, quien al observar cómo nadan los pececillos dorados en un acuario, “pensó que quizá la constante ondulación en el cuerpo del pez provocaba el masaje y algunos beneficios extras”.

Y así no más. Como el buen señor pensó tal cosa, tendría que ser cierta, e ipso facto, sin mayores averiguaciones y sin investigación ni comprobación alguna, ideó una máquina que hace moverse a la gente —literalmente hablando— como pez fuera del agua.

¿Y qué ventajas tiene hacer que el cuerpo ondule? Según Don Shizuo, esos movimientos como de bailarina de danza del vientre —aunque cómodamente tendido en el suelo, con los ojos cerrados, soñando con cosas placenteras y sin hacer el menor esfuerzo— provocan una verdadera catarata de beneficios: inducen a todo el organismo a un equilibrio, la articulación (resic) se optimiza sin cambios en los latidos del corazón o la presión sanguínea, la sencillez para usar la máquina fomenta un hábito de ejercicio para las personas que tienen muchas ocupaciones, produce relajación física y mental, optimiza la circulación sanguínea y linfática, equilibra y acomoda la columna vertebral, y promociona (recontrasic) masaje a todos los órganos del cuerpo.

Y por si todo lo anterior fuera poco, la Chi Machine —o Máquina Chi— alivia, cura o mejora el estreñimiento, la artritis, el nerviosismo, el insomnio, la anemia, la inflamación de la tráquea, el dolor menstrual y el de espalda, la mala digestión, el asma, la fibromialgia, los dolores musculares y hasta los espolones óseos, activa las células, incrementa el intercambio de oxígeno en los pulmones y mejora la circulación sanguínea, además de que permite adelgazar sin esfuerzo y le da al usuario una bella y sensual figura ya que de ribete afirma el abdomen, los muslos y las caderas.

¿Suficientes maravillas? Pues no. Todavía hay una no menos desdeñable: el aparatejo en cuestión evita y quizá hasta cura el cáncer. Al menos así lo insinúa la publicidad al hacer hincapié en que los movimientos ondulatorios del cuerpo aumentan la oxigenación de las células, y “las células cancerosas no pueden vivir y desarrollarse en presencia de oxígeno”.

Como se ve, la máquina chi o ejercitador aeróbico pasivo no es más que uno de esos aparatos que supuestamente permiten hacer ejercicio sin mover un dedo y adelgazar sin dejar de comer. Y barata precisamente, no es. En México cuesta 6 000 pesos, más 276 por la maleta en que va empacada, más 15% de IVA. Total, $7 217.40, aparte gastos de envío.

Eso —más de siete mil pesos— es lo que pierden los ingenuos que creen en los prodigios atribuidos por sus publicistas a la Chi Machine, Máquina Chi, ejercitador aeróbico pasivo o como quiera llamársele, prodigios que por lo demás —dicen los anuncios en letra chiquita para cumplir formalmente con la ley— no han sido demostrados ante las autoridades competentes.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx


[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 18 de abril de 2013

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