La historia de un secuestro y una vidente

ESCRUTINIO

La historia de un secuestro y una vidente[1]

Juan José Morales

Hace poco hubo mucho revuelo en los medios informativos a propósito del caso de tres jóvenes —Amanda Berry, Gina Dejesus y Michelle Knight— secuestradas en la ciudad norteamericana de Cleveland por un tal Ariel Castro, quien durante una década las mantuvo prisioneras y sometidas a violaciones y malos tratos.

Pero casi nadie ha mencionado que una de ellas, Amanda Berry —precisamente la primera en ser rescatada de su cautiverio—, había sido declarada muerta por cierta vidente de nombre Sylvia Browne, una de esas estafadoras que han ganado fama, notoriedad y —sobre todo— mucho dinero, gracias a los programas de televisión en que se ensalzan sus supuestas dotes síquicas y a quienes en Estados Unidos incluso recurre la policía para localizar cadáveres o personas desaparecidas.

clip_image002Entre las diversas maneras como esta timadora le toma el pelo y le saca dinero a los incautos están sus consultas telefónicas —700 dólares por 20 minutos— y los libros en los que habla de sus imaginarios dones síquicos y paranormales, mismos que sin embargo jamás ha aceptado someter a prueba pese a que se le ofrece un millón de dólares si los demuestra.

En efecto, cuando Louwanna Miller, la desesperada madre de Amanda recurrió a la televisión para pedir al público que la ayudara a encontrar a su hija, en el mismo programa se hallaba la adivinadora de marras, quien, después de los habituales gestos para simular que estaba concentrándose y recibiendo señales extrasensoriales, muy campantemente dijo: “No está viva, querida”, y hasta insinuó que su cadáver se hallaba en algún río o lago.

Plenamente convencida de que efectivamente la seudoadivina le decía la verdad —gracias al renombre que le ha dado la televisión—, la señora estalló en lágrimas y cayó en una profunda depresión que poco tiempo después le causó la muerte, oficialmente por un paro cardíaco.

No es esta, sin embargo, la única pifia de dicha timadora. En otros casos de personas desaparecidas —como los de John Akers y Shawn Hornbeck— también aseguró que, según las visiones que había tenido, ya estaban muertos e incluso ofreció pistas sobre el paradero de los cadáveres. Akers apareció cuatro días después en casa de un amigo y Hornbeck cuatro años más tarde, secuestrado por un depravado sexual.

La pitonisa Sylvia, quien asegura igualmente poder vislumbrar el futuro, tiene —al igual que todos los videntes conocidos— una larguísima lista de predicciones fallidas que no vamos a detallar. Pero ahí sigue muy tranquila, cobrando 700 dólares por sesión telefónica a los ingenuos —llamémosles así, suavemente— que creen en sus poderes paranormales y recurren a ella para dar con el paradero de maridos, hijos, hermanos, abuelos o amigos desaparecidos.

Si hemos traído esta historia a colación, es porque demuestra una vez más el grave daño que embaucadores de este tipo pueden causar a la gente y a la sociedad. Sobre todo cuando son prohijados por televisoras, tanto comerciales como públicas —el canal 13 del gobierno de Yucatán por ejemplo—, que, con criterios puramente mercantilistas no vacilan en venderles tiempo y ayudar a convertirlos en estrellas de la pantalla chica para que puedan engañar y estafar incautos. O, peor aún, que los presenten por cuenta propia como parte de programas de entretenimiento, sobre hechos enigmáticos, de seudohistoria e incluso —aunque parezca increíble— de lo que pomposamente llaman “ciencias paranormales”, que por supuesto de ciencia no tienen absolutamente nada.

Comentarios: [email protected]


[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 6 de junio de 2013

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *