El auge de las seudociencias en el siglo XXI

IMPACTO AMBIENTAL

El auge de las seudociencias en el siglo XXI[1]

Juan José Morales

A propósito de los comentarios que a veces hago en esta columna sobre la credulidad humana, que acepta a pie juntillas toda clase de engañifas sobre medicamentos milagrosos, falsos métodos curativos con imanes o extraños aparatos, y otras cuestiones por el estilo, un lector me escribe preguntando si puedo explicar por qué en pleno siglo XXI tantas personas creen, no sólo en supercherías de ese tipo, sino incluso otras mucho más burdas y anticientíficas como la idea de que se puede curar enfermedades con sólo pasar las manos sobre el paciente.

Hay varias explicaciones, pero creo que la principal estriba en lo que podríamos llamar analfabetismo científico. Aunque mucha gente ha estudiado primaria, secundaria y preparatoria, en todos esos niveles escolares únicamente recibe un barniz de ciencia a través de la memorización y la repetición, sin llegar a un verdadero conocimiento, comprensión y explicación de los hechos científicos y los fenómenos naturales. Lo que «”gracias a nuestro pésimo sistema educativo»” aprende el alumno, es una serie de datos, nombres de científicos, términos, definiciones, leyes y fórmulas. Me ha tocado ver exámenes en los que se pregunta al alumno el año de nacimiento de algún hombre de ciencia. El resultado de ese tipo de educación es que la gente toma por ciencia cualquier afirmación que se le presente envuelta en términos tomados de la verdadera ciencia, como cuántico, energía, células madre, atómico, ADN, cósmico o cualquier otra palabra por el estilo.

clip_image002Cartel de un curso que la universidad española de Córdoba ofreció recientemente sobre estas y otras muchas patrañas y engañifas, a fin de «aportar al alumnado, mediante el método científico, las herramientas intelectuales imprescindibles para afianzar el pensamiento personal critico y racional.

Los charlatanes embaucadores utilizan también dos triquiñuelas básicas para convencer a la gente: una es presentarse como innovadores hostigados y perseguidos por malévolos intereses. La otra, ofrecer una solución rápida, sencilla, indolora y «natural» a todo tipo de males.

En el primer caso, aseguran tener un maravilloso descubrimiento que podría «”por ejemplo»” proporcionar energía baratísima e ilimitada a hogares y vehículos, pero los científicos «oficiales» lo ridiculizan y sabotean, y los gobiernos, dominados por la industria petrolera, impiden que se difunda y utilice. En el caso de las llamadas medicinas alternativas, dicen tener la cura para todos los males habidos y por haber, sin necesidad de medicamentos de patente ni tratamientos médicos de ningún tipo, pero se les margina y persigue porque eso acabaría con los negocios de la poderosa industria farmacéutica.

A difundir y dar un aire de seriedad y respetabilidad a las seudociencias, contribuyen de manera determinante la televisión, la radio y los medios impresos, que «”ya sea por simple negocio al vender tiempo y espacio a todo tipo de charlatanes y embaucadores, o para aumentar su audiencia y sus lectores»” difunden cualquier patraña a la que se califique de «medicina alternativa», «ciencia paranormal» o «ciencia» a secas. Quizá el ejemplo más evidente es el de la astrología. Aunque cualquier persona medianamente educada sabe que no tiene el menor fundamento real, casi no hay diario, revista, radioemisora o estación de TV que no tenga su sección de horóscopos.

Por desgracia, es muy fácil engañar a la gente con una dosis de palabrería seudocientífica. De hecho, yo mismo en alguna ocasión inventé una medicina alternativa, la mastoterapia, según los mismos lineamientos de otras terapias en boga, como la auriculoterapia o la reflexología podal. Y no faltó quien creyera que era auténtica, cosa que en realidad no me sorprendió considerando lo que arriba vimos.

En cuanto a cómo poder identificar un engaño médico o científico, hay una regla muy sencilla: nunca creer las noticias y reportajes sobre nuevas y revolucionarias terapias que se publican en las revistas o secciones de los diarios de espectáculos, modas, cocina, naturismo, esoterismo, belleza y temas similares, y acudir siempre en busca de orientación y consejo a médicos calificados, preferentemente conocidos y de confianza.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 25 de julio de 2013

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