Reforma fiscal, no reforma energética

ESCRUTINIO

Reforma fiscal, no reforma energética[1]

Juan José Morales

El pretexto que se viene usando desde hace años para abrir las puertas a la inversión extranjera en Pemex bajo el disfraz de la llamada reforma energética, es que la paraestatal carece de recursos económicos para impulsar su desarrollo, y que de no permitirse la participación del capital extranjero, se quedará rezagada y no podrá satisfacer las necesidades del país.

Pero esa idea, que se nos ha estado tratando de meter en la cabeza, es falsa. En realidad Pemex es una empresa muy productiva, con bajos costos de producción, lo cual le permite amplios márgenes de ganancia. El problema estriba en que se le ha usado como una gran fuente de ingresos para el gobierno federal. Sus utilidades son bajas porque se le cargan pesados —pesadísimos— impuestos. Para tener una idea de la manera como se le esquilma, basta decir que el total de impuestos, derechos y aprovechamientos que paga, equivale a más del 67% del valor del petróleo que extrae. Es como si a un campesino se le despojara de las dos terceras partes de su cosecha.

clip_image002De concretarse los planes de Peña Nieto y los legisladores del PRI y el PAN que apoyan su proyecto de privatización de la industria petrolera, quizá habría que modificar el logotipo de Pemex para dejarlo así, con el diseño y los colores de la bandera norteamericana.

No hay petrolera en el mundo a la cual se expolie de este modo. Ya no digamos las grandes transnacionales que operan en Irak, Nigeria o la península arábiga, sino ni siquiera las estatales. Ecopetrol, en Colombia, por ejemplo, sólo paga por concepto de impuestos el equivalente al 11% del valor de su producción, y la noruega Statoil el 19%, pese a que Noruega utiliza las ganancias de su renta petrolera para financiar los programas sociales que permiten a los habitantes de ese país gozar de un alto nivel de vida y seguridad en todos los aspectos.

Pemex resulta, por así decir, la caja grande de Hacienda. De ahí proviene un alto porcentaje de los ingresos del erario público. Y si a Pemex se le somete a semejante sangría, es para que las grandes empresas privadas casi no paguen impuestos. De hecho, a cualquiera de estas últimas se le cobra una fracción mucho menor de lo que paga la paraestatal.

Ahora bien: las empresas extranjeras que participen en Pemex, obviamente no van a permitir que se les impongan tan altos impuestos. ¿Alguien podrá creer que empresas tan poderosas como Exxon o Chevron aceptarán pagar en México 67% de impuestos sobre su producción cuando en el resto del mundo pagan sólo alrededor de 27%? ¿O que la British Petroleum accederá a tal cosa si sólo paga entre 18 y 20% en las demás naciones donde opera? Las petroleras no son hermanas de la caridad.

Y como el gobierno tampoco va a cambiar su política de beneficios fiscales a las compañías que ahora —como se ha dicho una y mil veces— gozan de una privilegiada situación en materia impositiva, obviamente lo que harán Peña Nieto y sus dóciles legisladores, será elevar los impuestos que pagamos los contribuyentes cautivos o crear otros para compensar la reducción de ingresos por las actividades de Pemex. Ya vimos cómo se está tratando de gravar los alimentos básicos y las medicinas con el IVA.

En pocas palabras: el capital extranjero se beneficiará al participar en nuestra lucrativa industria petrolera, lo cual le dejará muy buenas ganancias, y los mexicanos terminaremos llevando sobre nuestras espaldas una mayor carga de impuestos para que esos inversionistas puedan llevarse sus utilidades.

La solución, evidentemente, no es esa. Lo que hace falta no es una reforma energética sino una reforma fiscal, que permita liberar a Pemex de las descomunales cargas impositivas que le impiden disponer de los recursos económicos que genera, y aplicar impuestos justos sobre sus ganancias a las grandes empresas, como Bimbo, Telmex, Walmart y otras.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 14 de agosto de 2013

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