El engaño de los alienígenas ancestrales

ESCRUTINIO

El engaño de los alienígenas ancestrales[1]

Juan José Morales

Ya empiezo a sospechar que el popular canal de televisión History Channel ha caído en manos de alguna secta, grupo religioso o sociedad esotérica, pues machaconamente insiste en recetarnos documentales que no son sino un batidillo de charlatanería, ignorancia, superstición, oscurantismo, religión y misticismo, al que se pretende dar un barniz científico.

El leit motiv, el estribillo que se repite una y otra vez en esas producciones, englobadas en la serie titulada Alienígenas Ancestrales, es que ciertos seres de otros mundos —o alienígenas, como les llaman en un anglicismo derivado de alien, que significa extranjero— fueron quienes construyeron todas las grandes obras de las civilizaciones de la antigüedad, desde los caldeos, los asirios y los egipcios, hasta los mayas y los incas, que los dioses que se adoraban en aquellos tiempos en realidad eran astronautas, y que de los contactos con aquellos extraterrestres derivan todos y cada uno de los conocimientos y monumentos que forman el bagaje cultural del ser humano, desde las pinturas rupestres de los desiertos norteamericanos, hasta las pirámides egipcias, pasando por las líneas de Nazca en Perú, los templos mayas o los grandes monolitos de la isla de Pascua.

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Esta caricatura, publicada en el blog mexicano gatoechado, resume muy bien el menosprecio que en los documentales sobre alienígenas civilizadores se manifiesta respecto a la capacidad técnica y creativa de las antiguas civilizaciones. En el fondo, es el mismo concepto de los conquistadores europeos que tachaban de seres inferiores e incivilizados a los nativos para justificar el dominio colonial.

Para decirlo en pocas palabras: nuestros ancestros fueron tan, pero tan brutos e ignorantes, que resultaron incapaces de crear nada, pero por fortuna, de algún distante planeta llegaron unos bondadosos seres altamente civilizados que se encargaron de realizar aquellas prodigiosas construcciones mediante sus máquinas y su tecnología, y tras dar a nuestros antepasados una probadita de sus avanzados conocimientos, emprendieron el regreso a sus lares sin dejar en la Tierra una sola de sus extraordinarias máquinas. Ni tan siquiera una miserable tuerca o algunas barras o placas de una aleación metálica desconocida. Las únicas pruebas de su presencia son algunos dibujos, como unos hallados en Egipto de los cuales en la serie televisiva de marras se dice que representan focos eléctricos usados hace cuatro mil años pero de los que, sin embargo, los arqueólogos no han podido hallar ni un trozo de vidrio o de filamento.

Por cierto, aquellos seres del extramundo se comportaron de manera muy extraña con los mayas, los incas y demás pueblos de la América precolombina, pues no les enseñaron el uso de la rueda, cosa que sí hicieron con los habitantes del Viejo Mundo. ¿Será porque ya desde aquellos lejanos tiempos había discriminación contra los indios?

No vamos a entrar en detalles sobre la verdadera cascada de supercherías y disparates que se manejan en la serie Alienígenas Ancestrales, que a nadie recomendamos ver porque sería una absoluta pérdida de tiempo. En cambio, sí recomendamos enfáticamente descargar de la Internet la serie Alienígenas Ancestrales Desmentida, del productor Chris White. Estos documentales —que, obviamente, no se transmiten por las grandes cadenas de televisión— desmenuzan una a una todas las afirmaciones, carentes en absoluto de sustento científico, que se hacen en los bodrios de History Channel y que se presentan como supuestas pruebas o evidencias de la influencia de extraterrestres sobre el desarrollo de la humanidad.

La serie, en inglés pero con subtítulos en español, puede encontrarse en diversos portales de la red. Para dar con ella, basta marcar en cualquier buscador las palabras “Alienígenas Ancestrales Desmentida”. Bien vale la pena verla, para no dejarse engañar con las supercherías disfrazadas de ciencia de la poderosa televisión de paga. Y bien vale la pena también recomendarla y difundirla para contribuir a combatir la ignorancia, la superstición y la seudociencia.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 10 de octubre de 2013

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