Un acuerdo en defensa del maíz

ESCRUTINIO

Un acuerdo en defensa del maíz[1]

Juan José Morales

Hay noticias, que aunque se reciban atrasadas, sirven para alegrarle a uno el día. Por ejemplo, el acuerdo del juzgado XII, de la ciudad de México, que el 10 de octubre ordenó al gobierno federal «suspender el otorgamiento de permisos de liberación experimental, piloto y comercial de maíz genéticamente modificado». La decisión del juez fue tomada en respuesta a un juicio de acción colectiva que busca detener la invasión de maíz transgénico en México. Fueron 20 organizaciones y 53 personas las que emprendieron esta acción contra las secretarías de Agricultura (Sagarpa) y de Medio Ambiente (Semarnat) del gobierno federal y contra las empresas solicitantes de permisos de siembra de maíz genéticamente modificado: las trasnacionales Monsanto, Pioneer, Bayer, Dow AgroSciences y Syngenta.

La decisión del juez detiene «”al menos temporalmente»” la pretensión de dichas empresas de que se les permita la siembra comercial de maíz transgénico en más de un millón de hectáreas de Sinaloa y Tamaulipas, y casi nueve millones más en Durango, Chihuahua, y Coahuila.

clip_image001Una pequeña muestra de las más de 60 razas y miles de variedades de maíz existentes en México, que se verían afectadas si se introduce el cultivo con semillas transgénicas de las empresas transnacionales.

Con la demanda de que no se permita introducir ese tipo de semillas en México se busca, por un lado, proteger la gran riqueza genética que representan las numerosas razas y variedades de maíz originarias de México y que son la base de la agricultura nacional, y por el otro, salvaguardar los intereses de los campesinos mexicanos, que se verían expuestos incluso a penas de cárcel si las empresas mencionadas se adueñan del mercado de semillas en el país.

En México, donde se originó y domesticó el maíz, existen a la fecha más de 60 razas nativas y miles de variedades de ese grano, adaptadas a las muy diversas condiciones de suelo y clima que hay a lo largo y ancho del país y que son producto del trabajo de selección de incontables generaciones de agricultores a lo largo de miles de años. Toda esa gran riqueza genética «”que todavía sigue sirviendo para producir nuevas y mejores variedades de maíz»” se perdería si se introducen las semillas controladas por las grandes transnacionales.

Más todavía: como el maíz es un cultivo de polinización libre «”o sea, fecundado con granos de polen arrastrados por el viento»”, se corre el peligro de que los sembradíos de razas y variedades nativas se contaminen con polen de maíz transgénico de campos vecinos. Y cuando eso ocurre y los campesinos utilizan como simiente granos de su propia cosecha, las transnacionales los demandan acusándolos de estar utilizando ilegalmente semillas con propiedades genéticas patentadas por ellas.

Esto no es ficción. Ocurre en Estados Unidos, donde miles de agricultores enfrentan juicios «”que, obviamente, difícilmente ganarán»” contra los poderosos e implacables bufetes de abogados de las grandes compañías productoras de semillas.

La decisión del juzgado XII resulta particularmente importante ya que desde el gobierno de Calderón se abrió la puerta a Monsanto y demás transnacionales para introducir maíz transgénico al otorgarles casi 200 permisos de tipo piloto y experimental para cultivarlo en varios estados del norte del país donde «”según la Sagarpa»”, no existen razas de maíz nativo, lo cual es absolutamente falso según han demostrado los científicos. Tomando como antecedente esos permisos provisionales, que sólo cubren 3 500 hectáreas, las empresas pretenden ahora que se les permita hacer lo mismo en diez millones de hectáreas, con las catastróficas consecuencias que son de prever.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 5 de noviembre de 2013

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