Naturismo y el retorno del sarampión

ESCRUTINIO

Naturismo y el retorno del sarampión[1]

Juan José Morales

En parte como resultado del desinterés de algunas personas por vacunar a sus hijos al creer erróneamente que no es necesario hacerlo ya que las enfermedades infantiles han sido erradicadas, y en parte por el temor a la vacunación debido a influencias religiosas o la propalación de afirmaciones seudocientíficas sobre su supuesta peligrosidad, en los últimos tiempos ha habido brotes de sarampión, un mal que parecía cosa de un pasado del todo superado.

En Europa, por ejemplo, se registraron en 2012 unos 30 mil casos, y ello ocasionó que el continente se convirtiera «”por así decir»” en exportador de la enfermedad a regiones como Estados Unidos y varios países sudamericanos que estaban libres de él.

Este retorno del sarampión «”y de otros padecimientos que pueden y deben evitarse con los medios actuales de la medicina»” se debe en gran medida a creencias místicas y anticientíficas. Algunos grupos religiosos, por ejemplo, en una caprichosa interpretación de la Biblia, dicen que el cuerpo humano es el templo de Dios y por tanto debe mantenerse totalmente limpio y puro, evitando introducir en él cualquier sustancia ajena. A partir de tal idea, se niegan a recibir transfusiones de sangre o vacunas.

clip_image001El miedo irracional a las vacunas es atizado por escandalosos y alarmantes titulares amarillistas como este, publicado en la portada de una revista chilena dedicada a promover la homeopatía y las llamadas medicinas alternativas. La realidad es que resulta muchísimo más peligroso no vacunarse que hacerlo.

En cuanto a las creencias anticientíficas, hay cierto movimiento «naturista» cuyos promotores aseguran que las vacunas no sólo son innecesarias, sino hasta peligrosas. Sostienen que el cuerpo humano posee suficiente inmunidad natural para protegerse de las enfermedades «”lo cual, evidentemente, es falso»”, que las vacunas tienen efectos secundarios todavía no conocidos, o que entorpecen la acción de los anticuerpos protectores que la madre le suministra al hijo a través de la placenta y la leche materna.

Se ha propalado también la versión de que las vacunas pueden afectar el sistema nervioso y producir autismo. Este mito ha estado circulando desde hace 15 años, como resultado de un artículo publicado en 1998 en la revista científica británica Lancet por el Dr. Andrew Wakefield, quien dijo haber encontrado una correlación entre la vacunación y el autismo. Pero mucho tiempo después, la propia revista desmintió a Wakefield diciendo que sus datos eran insuficientes e incorrectos, y «”todavía más»” en 2011 se descubrió que los había falsificado. No hay, pues, relación entre la vacunación y el autismo, pero el engaño sigue circulando, alimentado, como decíamos, por ciertos grupos naturistas y partidarios de las llamadas medicinas alternativas.

Finalmente, hay también grupos que, como «prueba» de que las vacunas no son necesarias, esgrimen el hecho de que ellos no se las aplican a sus hijos y sin embargo no enferman. Pero en realidad esos niños sí están protegidos por la vacunación. Pero por la que se administra a los demás. Es lo que en epidemiología se conoce como protección de grupo. Los no vacunados no enferman simplemente porque como los demás están a salvo del sarampión, no hay quienes los contagien.

Pero en la medida que la gente deja de vacunar a sus hijos por las razones arriba mencionadas, se debilita esa protección de grupo. Y los no vacunados resultan particularmente vulnerables si llega a ocurrir un brote de la enfermedad, lo cual es cada vez más factible debido a la gran movilidad de la gente en nuestros tiempos.

El sarampión «”hay que subrayarlo»” no es una inofensiva erupción cutánea como piensan algunos ingenuos partidarios del naturismo, que incluso consideran que es mejor padecerla en la infancia y no en la edad adulta, cuando es más seria. Puede tener muy graves complicaciones, entre ellas neumonía «”que llega a ser fatal»”, daños irreversibles en el sistema nervioso, encefalitis o la poco común pero temible panencefalitis esclerosante subaguda (PEES), que en ocasiones se desarrolla meses y hasta muchos años después de ocurrida la enfermedad.

Al sarampión, pues, hay que tomarlo muy en serio, y no dejar de lado la única protección efectiva contra él, que es la vacunación.

Comentarios: [email protected]


[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 26 de diciembre de 2013

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.