Una falsa y entreguista reforma

ESCRUTINIO

Una falsa y entreguista reforma[1]

Juan José Morales

Aunque grandilocuentemente se le ha denominado reforma energética, la modificación constitucional aprobada por el PRI, el PAN y sus satélites Panal y PVEM, dista mucho de ser una auténtica reforma. Si se le examina con un mínimo de atención, se advertirá que está orientada única y exclusivamente a poner nuestros yacimientos de petróleo y gas en manos de las grandes empresas extranjeras.

A eso, repetimos, se reduce la llamada reforma energética. Fuera de dar abrir de par en par las puertas de México a las transnacionales petroleras, las nuevas disposiciones no contienen ni siquiera un esbozo de programa de diversificación energética que permita aprovechar la diversidad de energías renovables o alternativas que tenemos en México.

clip_image001Planta geotermoeléctrica de Cerro Prieto, Baja California. La energía geotérmica, obtenida del vapor de yacimientos subterráneos de origen volcánico, es limpia, no contamina el medio ambiente como la obtenida de combustibles fósiles, ni demanda grandes alteraciones ambientales, como la construcción de presas. México es rico en este tipo de energía, pero la llamada reforma energética la pasa por alto.

Es más: en la práctica, el aprovechamiento de la energía eólica, que es una de las más importantes y tiene las mayores posibilidades de utilización inmediata, se deja en manos de las compañías transnacionales españolas y japonesas a las que se ha dado manga ancha para operar en la zona de La Ventosa, en el istmo de Tehuantepec, en detrimento de los ejidatarios cuyas tierras utilizan esas empresas «”mediante contratos leoninos»” para instalar los aerogeneradores.

Tampoco hay por parte del gobierno ni siquiera un tímido intento por impulsar, a través de investigaciones e inversiones propias, la energía solar, pese a que es muy abundante en las zonas áridas del norte y el noroeste, que reciben una fuerte insolación y son además las más desarrolladas industrialmente y por ende las que mayor consumo de electricidad tienen.

Y ni hablar de la energía geotérmica, o sea la del vapor de origen volcánico acumulado en las entrañas de la tierra. Esta energía, si bien no es renovable como la solar y la eólica, para fines prácticos puede considerarse, si no inagotable, sí de muy larga duración, pues puede explotarse durante siglos sin que merme mayor cosa. Nuestro país tiene buen número de campos geotérmicos, que fueron ubicados en los tiempos en que todavía la Comisión Federal de Electricidad era considerada una institución nacional al servicio de México y los mexicanos, y no «”como ahora»” un simple conducto para otorgar jugosos contratos y concesiones al capital extranjero. De esos campos geotérmicos descubiertos durante las exploraciones de la CFE, el único en el cual se construyó una gran planta geotermoeléctrica, es el de Cerro Prieto, en el valle de Mexicali. En bastante menor escala se aprovecha el de Los Azufres, en Michoacán. Y prácticamente eso es todo. La geoelectricidad representa apenas el 2% de la capacidad de generación de la CFE. Y, desde luego, a las empresas privadas no les interesa esa fuente de energía. En primer lugar, porque exige investigación y desarrollo de tecnología. Y en segundo lugar, porque les resulta mucho más fácil y rentable instalar plantas termoeléctricas convencionales de ciclo combinado.

Así, gracias a la falsa reforma energética, seguiremos desaprovechando valiosas fuentes de energía renovables y continuaremos siendo cada vez más dependientes del petróleo, de un petróleo que ni siquiera será nuestro sino de las empresas extranjeras.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 7 de enero de 2014

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