FOXP2 y las mujeres parlanchinas

ESCRUTINIO

FOXP2 y las mujeres parlanchinas[1]

Juan José Morales

Decirlo puede parecer un viejo chiste machista, pero es un hecho comprobado científicamente que en general las mujeres son más parlanchinas que los hombres. Las niñas comienzan a hablar a más temprana edad que los niños, y aun cuando unas y otros tengan el mismo coeficiente intelectual, ellas suelen tener un vocabulario más amplio y utilizan un mayor número de oraciones y palabras combinadas respecto a los niños de la misma edad. También, según cierto estudio realizado en la universidad norteamericana de Maryland, en promedio una mujer adulta pronuncia 20 mil palabras en el curso del día, mientras que un hombre sólo pronuncia 13 mil. O, dicho en otros términos, las mujeres hablan 53% más que los hombres.

Pues bien, según el mismo estudio mencionado, la razón de ello es de carácter genético. Concretamente, se debe a que el cerebro femenino contiene mayor cantidad que el masculino de cierta proteína denominada FOXP2, considerada «el gene del lenguaje», que se encuentra en ciertos sectores del cerebro, como el tálamo, el cerebelo y la corteza.

clip_image002La antigua y arraigada aseveración de que las mujeres hablan más que los hombres y no cesan de hacerlo, ha dado origen a incontables chistes y caricaturas, como esta. Las investigaciones científicas, sin embargo, han demostrado que eso no es un mito sino una realidad es determinada por factores genéticos.

Las primeras pistas al respecto las hallaron los investigadores al estudiar el comportamiento lingüístico de niños de entre tres y cinco años de edad. Encontraron que las niñas no sólo hablaban más que los niños, sino que tenían un 30% más de dicha proteína. Para verificar si esa podría ser la causa de las diferencias, realizaron un experimento consistente en inyectar FOXP2 a ratones hembras. El resultado fue que se volvieron más ruidosas que los machos de la misma camada. Este resultado fue muy revelador, ya que en general el cerebro de los ratones machos contiene mayor cantidad de esa proteína.

Y aquí cabe un paréntesis para entender mejor el asunto: la proteína FOXP2, o gene del lenguaje como se le ha llamado, fue descubierta en 1992 por un grupo de genetistas de la universidad británica de Oxford. No es exclusiva del ser humano, sino que se encuentra en otros muchos animales, tanto los más cercanos genéticamente a nosotros, como los chimpancés, que entre los pájaros y otros vertebrados. Según ciertas hipótesis, adquirimos un lenguaje complejo y muy desarrollado debido a ciertas mutaciones de ese gene ocurridas en el remoto pasado. En otras especies no ocurrió tal cosa, pero de todas maneras influyó en su capacidad de comunicación. Se cree, por ejemplo, que la diversidad de trinos de los pájaros se debe al FOXP2.

Todo esto, desde luego, está sujeto a estudio y discusión. No hay que perder de vista que ese gene fue descubierto hace apenas unos veinte años y todavía no ha sido estudiado con la amplitud y profundidad necesarias para conocer sus efectos. No está claro, por ejemplo, si se activa desde la gestación, o después del nacimiento, ya sea en los primeros meses de vida o cuando el bebé empieza a hablar. Y en lo que se refiere a que las mujeres sean más hablantinas que los hombres debido a su mayor concentración de FOXP2, esa conclusión deriva de un solo estudio en un grupo limitado de niños. Habrá que realizar otros para confirmarlo o descartarlo.

Lo que sí parece fuera de toda duda, sin embargo, es que este material genético está directamente relacionado con el lenguaje, y que cuando sufre alguna alteración, ocurren trastornos y problemas del habla. De hecho, fue al estudiar ese tipo de trastornos en una familia cuyos miembros los sufrían generación tras generación, cuando se descubrió el papel del FOXP2.

Así pues, quizá las largas conversaciones femeninas «”que a muchos se antojan interminables»” tienen una base biológica, no cultural.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 26 de febrero de 2014

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