La soya transgénica, riesgo para la apicultura

IMPACTO AMBIENTAL

La soya transgénica, riesgo para la apicultura[1]

Juan José Morales

Los cultivos masivos de soya, que las autoridades mexicanas están promoviendo entusiastamente para «”según dicen»” modernizar y tecnificar la agricultura en la península de Yucatán, ya comienzan a tener sobre la apicultura un efecto que puede llegar a ser realmente devastador. Y no hay que olvidar que la producción de miel es una actividad fundamental para no menos de 25 mil campesinos y sus familias de Campeche, Yucatán y Quintana Roo, estados que en conjunto aportan el mayor volumen de miel producido en México y que en su mayor parte se destina a la exportación.

El problema estriba en que en Europa, que es el principal destino de la miel mexicana, los gobiernos han endurecido los controles sobre la calidad del producto y no permiten la entrada de miel que contenga trazas de organismos genéticamente modificados (OGM) o transgénicos, como también se les denomina.

clip_image001Es muy grande la posibilidad de que la miel resulte contaminada accidentalmente si se permite la creación de grandes plantaciones de soya transgénica en la península, pues las abejas de una colmena pecorean en busca de néctar y polen sobre territorios de hasta 200 kilómetros cuadrados.

En efecto, en septiembre del año pasado, el Tribunal Europeo de Justicia determinó que la miel o cualquier complemento alimenticio que contenga polen derivado de un organismo genéticamente modificado deberá contar con autorización previa para ser comercializados en el territorio de la Unión Europea. No importa si la contaminación fue accidental o se debió a que el apicultor instaló deliberadamente sus colmenas en un sitio donde se cultivaran plantas transgénicas para que colectaran néctar en sus flores. Basta que la miel contenga trazas de polen de algún OGM, para que se detenga su acceso al territorio de los países de la unión, en tanto se decide si se autoriza o no.

Y cuando hablamos de trazas, hay que tomarlo al pie de la letra. Ya desde 2011 el tribunal estableció que si entre los ingredientes de la miel se identifica más de 0.9% de material de origen transgénico, el país al cual se haya enviado decidirá si permite su entrada o no, y qué restricciones impondrá para su comercialización. Y hay países, como Alemania, que no permiten ni el menor rastro de material transgénico.

No se necesita mucha imaginación para suponer lo que ocurrirá si, como planean el gobierno federal y los de los estados peninsulares, se autoriza a las empresas transnacionales la creación de grandes plantaciones de soya transgénica en la región. Inevitablemente, la miel que aquí se produzca resultará contaminada con polen de esas plantas, y por tanto podría cerrársele el mercado europeo. De hecho, recientemente se detectó ese tipo de contaminación en muestras de miel procedentes de nueve apiarios de la zona de Hopelchén, en Campeche.

Dicho sea de paso, la Unión Europea comenzó a establecer restricciones a la entrada de miel y otros productos con restos de material transgénico después de que un tribunal del estado de Baviera, en Alemania, dictó sentencia en favor de un apicultor que reclamaba indemnización porque la miel de sus colmenas había sido contaminada con polen de maíz transgénico del que produce la gran transnacional Monsanto. La contaminación fue accidental, pero así y todo, a la empresa se le responsabilizó por el hecho.

En México, en cambio, los apicultores están prácticamente desamparados. Se trata de campesinos en pequeño a los cuales los gobiernos no se interesan por proteger, e individualmente nada pueden hacer frente a las poderosas transnacionales que «”esas sí»” son solapadas y amparadas por las autoridades.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 28 de febrero de 2013

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