El cáncer del ecologismo

IMPACTO AMBIENTAL

El cáncer del ecologismo[1]

Juan José Morales

Si de algo puedo preciarme es de mi interés por la protección y conservación del medio ambiente. Por eso puede parecer extraño que hoy hable del cáncer del ecologismo. Pero no hay contradicción entre ambas posturas. Lo que ocurre es que el ecologismo, que —aún sin ser de carácter científico— nació como resultado de una genuina preocupación por los problemas ambientales, se ha visto contaminado en los últimos tiempos por tendencias románticas, espiritualistas, esotéricas, místicas, naturistas y otras muchas de parecida naturaleza, que no sólo se apartan del pensamiento científico —indispensable para conocer y comprender la naturaleza— sino incluso entran en franca y abierta contradicción con él. Se ha visto teñido el ecologismo, también, por actitudes de franco y casi irracional rechazo a la ciencia y la tecnología, a la que algunos despistados atribuyen todos los males de la humanidad.

clip_image001Un ejemplo de extremismo ecologista es la oposición total a las semillas transgénicas, todas las cuales se consideran nocivas. El problema, empero, es el monopolio que sobre muchas de ellas ejercen las grandes empresas, pero hay otras, desarrolladas por universidades y centros científicos independientes de los grandes consorcios, que están a libre disposición de los campesinos y les permitirían obtener mayores cosechas.

Más todavía: el ecologismo ha sido prostituido por políticos oportunistas, como la familia propietaria de ese negocio llamado Partido Verde Ecologista de México, que sólo usan el nombre para practicar una politiquería barata del peor jaez.

Es a ese tipo de ecologismo al que se considera un verdadero cáncer, puesto que al distorsionar los objetivos iniciales, dificulta la protección de la naturaleza y se convierte incluso en un obstáculo para el progreso científico y tecnológico.

Es ese tipo de ecologismo, por ejemplo, el que se opone de manera indiscriminada, total y absoluta a la investigación sobre organismos genéticamente modificados, sin ver que el problema no es que los transgénicos sean producto de una manipulación biológica, sino que los monopolicen grandes empresas transnacionales.

Son ecologistas de ese tipo los que vociferan contra las centrales nucleoeléctricas tildándolas de amenaza para la humanidad —aunque en los 60 años en que se han usado sólo hayan tenido un accidente serio— y prefieren que se sigan empleando centrales termoeléctricas que —esas sí— matan a millones de personas al contaminar el aire.

Aquí cabe subrayar que una cosa es el ecologismo y otra la ecología. El primero, como decíamos, es —o pretende ser— un movimiento ciudadano en defensa del medio ambiente y los recursos naturales. La ecología es una ciencia en toda forma, que se nutre de conocimientos obtenidos a través de diversas disciplinas: botánica, zoología, geología, química, meteorología, física, genética, estadística, geofísica, etc.

Lo menos, entonces, que podría esperarse de los dirigentes de las grandes organizaciones ecologistas, es que, si no todos, una buena parte fueran ecólogos o tuvieran una formación científica en aquellas ramas. Pero no es así. En su casi totalidad son abogados, sociólogos, filósofos, poetas, novelistas, políticos, economistas, etc.

Todavía hay más: numerosas organizaciones ecologistas pequeñas y medianas operan inspiradas en el naturismo, las antiguas filosofías orientales, las llamadas medicinas alternativas o complementarias, la meditación trascendental y otras tendencias por el estilo, no sólo carentes de base y contenido científico, sino inspiradas en ideas reñidas con la ciencia y desacreditadas desde hace mucho tiempo. Esto explica por qué algunas de tales organizaciones llegan al grado de oponerse a la vacunación tachándola de simple negocio de los zares de la industria farmacéutica.

Como ha preguntado alguien al señalar esta situación: ¿confiaría usted en un hospital donde no hubiera médicos? ¿O en un bufete jurídico en que casi ningún miembro del personal supiera de abogacía?

Por eso, en materia de protección y conservación del medio ambiente, hay que ser muy cuidadoso con las opiniones de los ecologistas y siempre cotejarlas con las de los ecólogos y los científicos en general.


[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 11 de abril de 2014

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