El verdadero crimen de Nestora Salgado

ESCRUTINIO

El verdadero crimen de Nestora Salgado[1]

Juan José Morales

Las ahora muy conocidas autodefensas de Michoacán son una manifestación del grado de descomposición social e ingobernabilidad a que se ha llegado en aquel estado, y que ha obligado a los propios habitantes a organizar sus propias fuerzas armadas para protegerse de la delincuencia organizada. Pero Michoacán no es caso único. En el vecino Guerrero ha ocurrido algo similar, y ahí desde 1995 existen las llamadas policías comunitarias, integradas para hacer frente a las bandas de extorsionadores, secuestradores y asaltantes.

Así nació la policía comunitaria de Olinalá, un pueblo de la región de La Montaña en el oriente del estado, cerca de los límites con Oaxaca, famoso por sus hermosas artesanías de laca. La encabezó Nestora Salgado García, nativa del lugar, quien explica que se decidió a hacerlo porque «los abusos de los delincuentes eran cosa de todos los días, ya no se podía vivir en paz, ya no podíamos salir de nuestras casas, ya no podíamos trabajar, viajar, poner un negocito, mandar con tranquilidad a nuestros hijos a las escuelas ni salir a la plaza a tomar un helado».

clip_image001Nestora Salgado con miembros de la policía comunitaria de Olinalá, que organizó a su retorno de Estados Unidos. En aquel país vivió varios años e incluso obtuvo la ciudadanía norteamericana, a la que muchos migrantes aspiran. Pero nunca olvidó sus raíces, su familia, su pueblo y su comunidad, y optó por quedarse en México para contribuir a resolver los problemas de su comunidad.

La organización fue legalmente reconocida por el gobierno del estado como auxiliar de la policía estatal y las acciones que realiza se consideran actos de autoridad. Incluso el propio gobierno estatal la dotó de vehículos y otros elementos para su funcionamiento.

Bajo la dirección de Nestora, la policía comunitaria logró restablecer la seguridad en Olinalá y sus inmediaciones, a tal punto que en sólo un año se redujeron en 90% los crímenes de alto impacto. Además, se realizó una intensa labor de convencimiento «”sobre todo entre los jóvenes»” contra el consumo de drogas y para que la gente no participe en el narcotráfico, que ha sido tradicionalmente un azote en Guerrero.

Como parte de su labor, la policía detuvo en agosto del año pasado al síndico municipal de Olinalá, Armando Patrón Jiménez, acusado de abigeato y de presunta participación en el asesinato de dos ganaderos. Todo se hizo de manera pública, a la luz del día, y cumplidas las formalidades legales, el síndico fue trasladado a la Casa de Justicia para que la autoridad judicial continuara con los procedimientos del caso.

Pero se trataba de una persona influyente, y el 21 de agosto Nestora, 12 policías comunitarios y otras 30 personas fueron acusadas de secuestro y arrestadas en una aparatosa acción policiaco-militar en la que participaron fuerzas del ejército y de la Marina Armada de México.

Ahora, se encuentra recluida en el penal de alta seguridad de Tepic, en Nayarit, lejos de sus parientes y amigos, y sometida a un duro régimen carcelario. En un mensaje que dio a conocer el pasado 8 de marzo con motivo del Día Internacional de la Mujer dice que se encuentra «aislada de los demás. Sólo puede verme cada dos semanas una de mis hermanas y ahora una de mis hijas. No puedo hablar con nadie, no veo ni tomo sol. No recibo medicamentos ni terapia para mis dolencias por un accidente. No puedo recibir revistas ni periódicos. Ni siquiera puedo recibir una carta de mi esposo que está en Estados Unidos o un dibujo de mis nietos. Sólo puedo hablar unos minutos por teléfono a la semana con mi hija Zafra. No puedo ver la televisión». Los demás detenidos fueron enviados a diversas cárceles en el estado de México, Oaxaca y Guerrero con el evidente propósito de dispersarlos y dificultar su defensa.

Evidente parece también que su encarcelamiento es una represalia por haber afectado los intereses de políticos y empresarios locales cuya corrupción, turbios negocios y ligas con el narcotráfico fueron denunciados por ella y sus compañeros. Ese fue el verdadero crimen de Nestora Salgado.

«Sé que quieren quebrarme pero no lo lograrán «”dice en su mensaje»”. Sé que con mi encierro quieren que yo escarmiente y todos y todas las demás que en México se levanten contra tanta injusticia»¦ Las personas honradas de México, de Estados Unidos y de otros países saben que soy una presa política. Y saldré de prisión a proseguir la lucha que desde la policía comunitaria de Olinalá inicié.»

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 18 de marzo de 2014

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