Una faceta del hinduísmo

ESCRUTINIO

Una faceta del hinduísmo[1]

Juan José Morales

Una de las costumbres ahora en boga entre quienes tienen dinero suficiente para ello, es viajar a la India, pasar ahí unos meses en algún ashram o retiro espiritual «”los hay de lujo, con spa, comidas gourmet, baños de mármol y cosas por el estilo»” entregados a la lectura de antiguos textos védicos, la práctica del yoga, la meditación, la contemplación del yo interior y el conocimiento de los principios básicos de las filosofías orientales, bajo la égida de algún gurú de taparrabos y luenga y enmarañada barba, para regresar rebosante de la sabiduría, comprensión del mundo, paz interior y amor a nuestros semejantes que sólo puede dar el hinduismo, una de las religiones dominantes en la India.

Por supuesto, ese breve episodio turístico «”aún en condiciones austeras en el más modesto de los ashram»” no tiene absolutamente nada qué ver con la vida cotidiana de cientos de millones de indios, que sobreviven a duras penas en sus aldeas o los barrios marginales de las grandes ciudades, trabajando duramente y ganando salarios de hambre. Y estoy seguro que cualquiera de esos discípulos de los santones hindúes, que fielmente siguen sus exóticas prédicas, respondería con un rotundo no si se le dijera que para alcanzar la perfección material y espiritual deberán aceptar vivir en el nivel más bajo del sistema de castas, y llevar hasta su muerte la existencia de resignación y esfuerzo que le impone el dharma correspondiente a su casta. Si así lo hace, al morir su alma tendrá un mejor karma o destino, y reencarnará en un individuo de la siguiente casta superior, para de ahí en adelante ir subiendo de nivel en sucesivas reencarnaciones. Pero si no lo hace, reencarnará en un animal.

clip_image001Dudo mucho que alguna de las señoras elegantes que viajan a la India para recibir las sabias enseñanzas del hinduismo acepte pasar toda su vida como esta mujer dalit o intocable, para «”con su conformismo, paciencia y resignación»” ganarse el derecho divino a reencarnar en un individuo de la casta superior siguiente, y de ahí poder seguir ascendiendo poco a poco en el sistema de castas en sucesivas encarnaciones.

Y es que casi todos los que embelesados toman el hinduismo como modelo de vida y conducta, ignoran o prefieren ignorar que esa religión se basa en una rígida y estricta división social, según la cual los seres humanos no son iguales sino que pertenecen a cuatro grandes castas o grupos «”cada una con sus correspondientes subdivisiones, hasta un total de cuatro mil»” y que nadie puede en el curso de su vida salir de su casta, sino hasta que muere y su alma reencarna en otro ser.

Según el hinduismo, los seres humanos provienen de diferentes partes del cuerpo del dios Brahmá. De su boca salieron los brahmanes, que son los sacerdotes, maestros y demás miembros de la casta superior. Los chatrias, los miembros de la clase política y militar, descienden de los hombros del dios, en tanto que de sus caderas se formaron los vaishias, o sea los comerciantes, artesanos y campesinos, y los shudrás, es decir los siervos, obreros y esclavos, se formaron de los pies de Brahmá. Y por debajo de esas cuatro castas, hay todavía una más, la de los dalits, los parias, los intocables, equiparables a perros, que sólo pueden desempeñar las ocupaciones más bajas, como recoger excrementos, barrer calles o incinerar cadáveres. Y en algunas regiones de la India, hay gente más infortunada aún que los dalits: los invisibles, que ni siquiera pueden salir a la calle de día, porque serían perseguidos y encarcelados.

Los miembros de una casta no pueden desempeñar trabajos que no les están permitidos por la religión, ni «”mucho menos»” contraer matrimonio con los de otra casta, ya sea inferior, pues se degradarían, ni superior, pues serían totalmente rechazados.

Ciertamente, la constitución y las leyes de la India prohíben esta discriminación, y gradualmente se ha ido debilitando gracias al progreso y la modernización, pero en la práctica subsiste, no sólo en el país sino incluso entre los indios establecidos en otras naciones. En la Gran Bretaña, por ejemplo, un reciente estudio mostró que unos 50 mil inmigrantes sufren discriminación por parte de los demás indios debido a que son hijos de dalits o intocables.

Este es, pues, una faceta del hinduismo, ese modelo espiritual y de conducta que tanto fascina a algunos.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 20 de marzo de 2014

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