El gran negocio de ayudar a los pobres

ESCRUTINIO

El gran negocio de ayudar a los pobres[1]

Juan José Morales

El sacerdote Pablo Pérez Guajardo, quien fuera asistente durante once años del administrador de la congregación de los Legionarios de Cristo en Roma pero renunció a ella asqueado por lo que veía y escuchaba, alguna vez oyó a Marcial Maciel «”el cabecilla de la Legión»” decir: «No hay mejor negocio que los pobres». Y prueba de ello es el banco Compartamos, una empresa del tipo que se conoce como microfinancieras ya que se dedican a otorgar préstamos en pequeña escala a gente de escasos recursos. Teóricamente, el negocio tenía por objeto ayudar a los pobres con créditos accesibles y bajos intereses, pero en la realidad es una de las empresas que más dinero le dejan a la pía Legión gracias a sus altas tasas de interés.

Traemos el asunto a colación porque la semana pasada hablamos de Luis Garza Medina, el cura artífice de las finanzas de Maciel, pero por obvias razones de espacio no pudimos referirnos en particular a ninguno de los muchos «”muchísimos»” y muy productivos negocios que integran ese vasto imperio financiero disfrazado de congregación religiosa que es la Legión de Cristo. Y Compartamos es un excelente ejemplo de ello.

clip_image002Logotipo de Compartamos. Cada quien puede hacer su muy personal interpretación de lo que representan los pececillos.

Según señala el periodista Rafael Olmos en su reportaje La Mafia Financiera de los Legionarios de Cristo «”basado en buena parte en revelaciones de Pérez Guajardo»” Compartamos nació como asociación civil en 1998, ligada a Un Kilo de Ayuda, otra empresa de los Legionarios que tampoco se ostentan abiertamente como sus dueños. Su capital inicial era de cuatro mil pesos. A los dos años ya pudo aportar 19 millones para integrarse como accionista de Financiera Compartamos, SA, con el 40% de su capital. El resto lo aportaron empresarios ligados a la Legión.

De ahí en adelante Compartamos no cesó de crecer. En 2005 aumentó su capital a 379 millones, y en 2006 el gobierno de Vicente Fox le autorizó para operar como banco, ya con un capital de 427 millones.

Para 2013, aquella modesta asociación civil con cuatro mil pesos de capital inicial «”convertida ya en Promotora Social México»” era propietaria de la tercera parte del capital del banco Compartamos, con acciones por valor total de 1 368 millones de pesos.

¿De dónde salió tanto dinero? Sería interesante saberlo, pero buena parte proviene de los altos intereses que se cobran a quienes solicitan préstamos y que oscilan entre 4 y 6 por ciento mensual, o sea hasta 70% anual. Tales porcentajes son de 13 a 20 veces más elevadas que los índices oficiales de inflación del Banco de México, que usualmente sirven de parámetro para calcular intereses.

Bien vistas las cosas, Compartamos opera como cualquier otro banco privado de los que exprimen a la gente con altas tasas de interés. Por eso se le ha acusado de usura, de explotar a los pobres aunque supuestamente surgió como una financiera que permitiría abaratar el crédito para las clases populares.

Y el negocio sigue creciendo. Según los datos más recientes, expuestos en el reportaje de Olmos, el pío banco cuenta ya con 500 sucursales en México y se ha vuelto internacional, con filiales en operación o en proceso de apertura, en Guatemala, Perú, Honduras, El Salvador y Panamá.

Ciertamente, como decía cínicamente Maciel, los pobres son buen negocio. Y sus sucesores en la cristiana legión han sabido seguir al pie de la letra esa máxima.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 6 de mayo de 2014

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