Alguien que habla por los que no tienen voz

ESCRUTINIO

Alguien que habla por los que no tienen voz[1]

Juan José Morales

No han faltado quienes critiquen al cineasta Alfonso Cuarón «”ganador del Oscar por su película Gravedad»” por la carta abierta que dirigió a Peña Nieto con diez preguntas sobre la llamada reforma energética y su posterior petición al propio Peña Nieto de que se realice un debate público, plenamente abierto y ampliamente difundido, sobre esa cuestión fundamental para el país. Sus críticos acusan a Cuarón de explotar su fama como creador cinematográfico para incursionar en la política y ganar notoriedad artificial, y prácticamente le piden que se limite a lo suyo. Esto es, a hacer películas y olvidarse de los asuntos políticos y sociales. Como quien dice, «zapatero, a tus zapatos». O, «cineasta, a tus películas».

Pero en realidad no deja de ser positivo «”de hecho resulta muy deseable y recomendable»” que aquellos pocos que han alcanzado una posición destacada como artistas o deportistas, utilicen su fama para hablar en nombre de las muchas decenas de millones de mexicanos «del montón», que carecemos de voz o la tenemos tan débil que no alcanza a escucharse más allá de un limitado círculo aunque gritemos desaforadamente.

clip_image001Cuarón con la estatuilla del Oscar. La fama así ganada le ha permitido convertirse en portavoz de decenas de millones de mexicanos.

Bien visto, ese es el gran problema de México: el que podríamos llamar «de los sin voz». Porque en su casi totalidad los medios de comunicación electrónicos e impresos son propiedad de grandes empresas que no sólo anteponen sus intereses comerciales, incluidos los contratos de publicidad gubernamental, a los de la audiencia o los lectores, sino que también tienen intereses propios de otra naturaleza por su participación en distintos negocios «”bancos, cadenas de tiendas, empresas aéreas, compañías constructoras, etc.»” que igualmente los llevan a silenciar o manipular la información.

Por eso es plausible que gente como Cuarón utilice su renombre y su prestigio para prácticamente obligar al gobierno a responder a lo que muchísimos mexicanos se preguntan pero las autoridades han eludido aclarar. Y, ciertamente, no puede decirse que las respuestas que Peña Nieto dio al cineasta hayan sido claras, precisas y puntuales. Si bien se miran, son sólo generalidades que, incluso, chocan con la realidad y con las afirmaciones del propio gobierno.

Un buen ejemplo de vaguedad e imprecisión, es la respuesta a la pregunta de Cuarón sobre cómo podrán evitarse fenómenos de corrupción al otorgar multimillonarios contratos a las poderosas empresas petroleras transnacionales. A ello, Peña Nieto respondió diciendo que se establecerán en los contratos cláusulas de transparencia y a las empresas se les exigirá dar información detallada acerca de los mismos y de sus operaciones. Pero bien sabido es que regulaciones de ese tipo ya existen, y bien sabido es también que pese a ellas la corrupción se mantiene vivita y coleando en Pemex. Así lo demuestra, para citar sólo un caso, el de la empresa privada Oceanografía, donde se ha destapado una auténtica cloaca de malos manejos que no se limitan al fraude a Banamex sino que también alcanzan al Seguro Social, a Hacienda y al propio Pemex desde luego.

En fin, qué bueno que gente como Alfonso Cuarón utilice su fama para hacer oír estruendosamente la voz de quienes no la tenemos. Pero se corre el riesgo de que finalmente el gobierno, con sus escurridizas respuestas, su tácita negativa a abrir un debate público ampliamente difundido sobre la llamada reforma energética, y el manto de silencio que ahora trata de tender sobre la cuestión, logre que las cosas se olviden. Por eso en próximas entregas de esta columna tocaremos nuevamente aspectos fundamentales del asunto, como la ilusoria promesa de que disminuirán los precios del gas, la gasolina y la electricidad.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 20 de mayo de 2014

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