Los (falsos) peligros del horno de microondas

ESCRUTINIO

Los (falsos) peligros del horno de microondas[1]

Juan José Morales

Hace poco me llegó una de esas advertencias que circulan por la Internet y a las cuales mucha gente toma en serio: que no debo jamás calentar alimentos en horno de microondas, porque la radiación destruye los nutrientes, y además puede volverlos peligrosos.

Eso es totalmente falso. Sin embargo, mucha gente lo cree porque se habla de “radiaciones”, y ello hace suponer que se trata de radiaciones nucleares. Pero en realidad, la radiación electromagnética que producen esos aparatos no es de ese tipo, no afecta la calidad de los alimentos más que el calor de una estufa de gas, carbón o petróleo —de hecho la afecta menos— ni representa un peligro para el ser humano.

clip_image002Las advertencias sobre los imaginarios peligros de los hornos de microondas aparecen casi sólo en la Internet o publicaciones naturistas, esotéricas, sobre platillos voladores y hechos sobrenaturales y otras por el estilo. No se les encuentra en revistas médicas o científicas.

Pero para entender mejor esto, debemos precisar que las radiaciones electromagnéticas —que, como su nombre indica, se deben a la electricidad y el magnetismo— cubren un amplio espectro, desde el infrarrojo, que es básicamente energía térmica, hasta los rayos X y los poderosos rayos gamma, pasando por la luz visible y la ultravioleta, que es parte de la radiación solar y causa las típicas quemaduras de la piel al asolearse en la playa.

De ese amplio espectro de radiaciones electromagnéticas, las que pueden romper los enlaces químicos y por tanto afectar la calidad de los alimentos, y dañar las células y ocasionar cáncer y alteraciones genéticas, son las llamadas ionizantes, de muy alta frecuencia, como las que provienen de materiales radiactivos y de los aparatos de rayos X. Pero los hornos de microondas no los producen. Las ondas que emiten son similares a las de radio, y su efecto es agitar las moléculas de agua contenidas en los alimentos, transmitiéndoles así energía que se convierte en calor, su temperatura se eleva y por lo tanto los alimentos se calientan e incluso pueden cocerse. Esto explica por qué los líquidos se calientan más rápidamente que los sólidos en un horno de microondas.

Pero la agitación de las moléculas no rompe los enlaces químicos de las moléculas ni cambia su naturaleza. En consecuencia, no se afecta su calidad nutritiva. Incluso, como decíamos, al calentar o cocinar los alimentos con microondas se conservan mejor sus nutrientes, dado que eso se hace en menos tiempo que con la cocción convencional, y no están sumergidos en agua a la cual pasen los nutrientes.

En cuanto a los supuestos efectos cancerígenos de las microondas, eso es una falsedad puesta en circulación por algunos grupos naturistas y charlatanes como un tal Joseph Mercola, que se dice terapeuta alternativo experto en nutrición y tiene un floreciente negocio de venta de suplementos dietéticos de los cuales su publicidad asegura que pueden prevenir un sinfín de enfermedades, desde la hipertensión hasta el cáncer, y culpa a los hornos de microondas de una gran diversidad de males, incluso la depresión y el insomnio. Pero ninguna de sus afirmaciones ha sido jamás probada científicamente y las autoridades lo han obligado a suspender la publicidad engañosa de sus productos.

En el caso de los hornos de microondas, desde hacer mucho tiempo, y después de numerosas investigaciones, el consenso general entre los investigadores es que, correctamente utilizados, no tienen ningún efecto nocivo sobre la salud ni sobre los alimentos.

Así pues, no haga caso a las advertencias sobre sus supuestos peligros que circulan por la Internet.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 3 de julio de 2014

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