Una política de seguridad costosa pero fracasada

ESCRUTINIO

Una política de seguridad costosa pero fracasada[1]

Juan José Morales

Una conclusión que puede sacarse del secuestro y —según todos los indicios— matanza de los estudiantes de la normal de Ayotzinapa, es que demuestra el total y absoluto fracaso de la política de seguridad pública iniciada por Felipe Calderón y continuada prácticamente sin modificaciones por su sucesor Enrique Peña Nieto. Es una política en la cual se han invertido —quizá podría decirse derrochado, dilapidado o desperdiciado— enormes recursos económicos, humanos y materiales, y que ha estado orientada a combatir lo que en la terminología policial se denomina delitos de alto impacto, criminalidad o delincuencia organizada. Pero lo ocurrido en Iguala, que es precisamente un crimen de esa naturaleza, sin precedentes en el México moderno, no ocurrió en algún remoto y aislado paisaje serrano, sino en una ciudad de más de cien mil habitantes, la tercera en importancia del estado de Guerrero. Y los estudiantes no fueron balaceados y secuestrados individualmente, en las sombras de la madrugada en solitarios callejones, sino a plena vista de la gente. Más todavía: el ataque y el secuestro lo cometieron agentes policiacos.

En efecto, desde 2006, cuando Calderón asumió el poder, se enfundó en aquel ridículo traje de soldadito y declaró la guerra al narcotráfico, el presupuesto anual del gobierno federal para seguridad pública no ha cesado de crecer año tras año. Según cifras oficiales, de ese año a 2012, aumentó 142%. Los mayores incrementos fueron para la Secretaría de Seguridad Pública, que vio aumentar su presupuesto en 337%. Le siguió el Cisen —el organismo de espionaje del gobierno—, con 140%, y hasta la PGR vio crecer el suyo en 56%.

clip_image002Este cartón, publicado en el blog “Destruyendo Muros”, refleja la percepción ciudadana ante el clima de inseguridad que se vive en México y que hace sentir a la gente indefensa ante la delincuencia.

Pero uno se pregunta para qué sirvieron esos miles de millones de pesos destinados año con año a la seguridad pública. Porque es evidente que la delincuencia organizada sigue campeando por sus fueros y extensas zonas del país están prácticamente sustraídas a la autoridad del gobierno federal y son manejadas como feudos por los grupos de facinerosos. Y es evidente asimismo que el número de delitos parece aumentar en igual o mayor medida que los recursos económicos destinados a combatirlos.

En efecto, según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE), levantada por la PGR y publicada en el Diario Oficial de la Federación, en 2010 se cometieron 22.7 millones de delitos, de los que fueron víctimas 17.9 millones de personas. Pero para 2012 las cifras habían saltado a 27.8 millones de delitos y 21.6 millones de víctimas.

Estos —hay que subrayarlo— son datos oficiales y se refieren únicamente a los delitos denunciados. Pero ya sabemos que un alto porcentaje de los delitos —alrededor del 90%— no llegan a conocimiento de las autoridades ya que la gente desconfía de la policía, duda que sean aclarados, y prefiere no perder el tiempo en las agencias del ministerio público, donde además el trato no es siempre precisamente de lo más cortés.

Y aquí conviene subrayar algo igualmente importante: que ese crecimiento sostenido en el número de delitos —no sólo los de alto impacto sino todos en general— se debe a que la política de seguridad pública del gobierno federal, al centrarse casi exclusivamente en la llamada delincuencia de alto impacto, ha descuidado lo que realmente preocupa a los ciudadanos e incide sobre su vida cotidiana. Es decir, aquellos delitos que pueden llamarse comunes, ordinarios, como el robo, la extorsión, los asaltos, la violencia intrafamiliar, las lesiones y otros. Pero de ello nos ocuparemos en otra ocasión.

Por ahora, lo que nos interesa es subrayar lo que decíamos al principio: que la política de seguridad pública de los gobiernos del PAN y del PRI ha fracasado y que los mexicanos estamos, como pocas veces en la historia, a merced de la delincuencia, de una delincuencia que puede actuar prácticamente donde, cómo y cuándo se le antoje y hacer sus víctimas a cualquier ciudadano en cualquier lugar y momento.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 8 de octubre de 2014

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