Una temporada ciclónica de contrastes

IMPACTO AMBIENTAL

Una temporada ciclónica de contrastes[1]

Juan José Morales

Faltan ya sólo dos meses para que, el 30 de noviembre, se dé por terminada la temporada de huracanes en el Atlántico, incluidos el Caribe y el Golfo de México. Y, tal como van las cosas, tal parece que se cumplirán los pronósticos en el sentido de que esta sería una temporada bastante tranquila, con una actividad ciclónica por debajo de lo normal.

En efecto, las predicciones a largo plazo elaboradas con base en diferentes modelos matemáticos por distintas universidades y centros de investigación geofísica, coincidían en que en 2014 tendríamos entre nueve y 12 tormentas tropicales, de las cuales entre tres y seis alcanzarían la categoría de huracán, y solamente uno o dos de éstos serían de gran intensidad. Tales números son, como decíamos, inferiores al promedio. Entre 1995 y 2013, por ejemplo, cada año se registraron por término medio 15 tormentas, de las que ocho crecieron hasta convertirse en huracán y cuatro de ellos fueron intensos.

clip_image001Si bien en el Atlántico hemos tenido una temporada ciclónica bastante tranquila, con sólo cinco tormentas y huracanes registrados hasta la fecha y prácticamente sin daños dignos de mención, las cosas no han sido iguales en el Pacífico, donde el número de tormentas y huracanes ya supera los pronósticos y se acerca a la veintena. En la imagen, el poderoso huracán Odile sobre el extremo sur de Baja California.

En opinión de los especialistas, el menor número de ciclones en esta temporada es resultado del fenómeno de El Niño, el cual al parecer tiene como efecto atenuar la formación de tormentas y huracanes en el Atlántico. Igualmente, otro de los efectos de este fenómeno «”que si bien se da en aguas del Pacífico frente a Sudamérica, influye sobre el clima a escala mundial»” es hacer que las tormentas y huracanes del Atlántico recurven hacia el norte en lugar de continuar avanzando hacia el oeste-noroeste rumbo al continente americano.

Sean cuales sean las causas, el hecho es que al día de ayer «”pese a encontrarnos a fines de septiembre, que es el mes pico de la temporada»” no había en todo el Atlántico una sola tormenta ni una sola depresión que amenazara fortalecerse, y todo indicaba que la situación seguiría igual durante al menos 48 horas.

Y en cuanto a los huracanes y tormentas registrados durante los primeros cuatro meses de la temporada, del 1° de junio al 30 de septiembre, en total han sido únicamente cinco, de los que sólo dos tocaron tierra y causaron afectaciones reducidas.

El primero de ellos, Arthur, se formó a principios de julio, más de un mes después de iniciada la temporada, frente a la costa oriental de Estados Unidos, tocó tierra brevemente en Carolina del Norte con vientos de categoría uno, y rápidamente se disolvió en las frías aguas de la región.

La otra perturbación que entró a tierra, fue la tormenta tropical Dolly, formada sobre la Sonda de Campeche a partir de una onda tropical que cruzó la península de Yucatán desde el Caribe. El 3 de septiembre tocó tierra cerca de Tampico, provocando lluvias torrenciales e inundaciones en Tamaulipas y Veracruz. Las cosas, empero, no pasaron a mayores y pronto la perturbación se disolvió.

Los otros tres huracanes contabilizados en el Atlántico durante la actual temporada, Bertha, Cristóbal y Edouard, no ameritan mayores comentarios, pues todos ellos se desplazaron sobre aguas marinas y terminaron su vida en las altas latitudes sin ocasionar daño.

Por contraste, en el Pacífico la actividad ciclónica ha sido muy intensa, por encima incluso de lo pronosticado. El Servicio Meteorológico Nacional, por ejemplo, había previsto que en la actual temporada tendríamos en esa región 14 tormentas, de las cuales siete serían huracanes y cinco alcanzarían o superarían la categoría tres. A la fecha llevamos 18, tormentas, de las cuales 13 cobraron intensidad de huracán. Uno de ellos, Odile, como se sabe, alcanzó categoría cuatro y cruzó el extremo sur de la península de Baja California dejando una estela de devastación en la zona de Los Cabos y considerables daños en La Paz.

Este es, pues, el contrastante panorama ciclónico al cumplirse dos tercios de la temporada de huracanes 2014, que oficialmente concluye el 30 de noviembre. Nos quedan aún dos meses por delante, pero si las cosas siguen como hasta ahora, tal vez no recibamos en la península el impacto de ninguno de esos fenómenos.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 29 de septiembre de 2014

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