La trofología, un timo seudomédico más

ESCRUTINIO

La trofología, un timo seudomédico más[1]

Juan José Morales

El nombre es muy rimbombante: Instituto Nacional de Trofología. Hace pensar que se trata de una institución científica prestigiada, dependiente del gobierno o de alguna gran universidad. Pero, ojo, en realidad se trata de un negocio privado, manejado por uno más de esos charlatanes que tanto abundan, que esquilman incautos con el ofrecimiento de curar hasta lo incurable con métodos “naturales”, y para mejor tomarle el pelo a la gente, disfrazan sus patrañas envolviéndolas en auténtica terminología científica.

clip_image002Una característica de las seudoterapias y falsos tratamientos médicos es que ofrecen resultados “garantizados” o en plazo determinado y a menudo insisten en que son “naturales” y no implican el uso de medicamentos, cirugía, radioterapia ni otros recursos médicos. Igualmente, hacen falsas promesas. La trofología, por ejemplo, ofrece “revertir la diabetes”, lo cual, como sabe cualquier médico, es imposible.

En efecto, la trofología es, según el diccionario de la Real Academia Española, «Tratado o ciencia de la nutrición”. El fundador del sedicente instituto, un tal Donnato de la O, se apropia del vocablo para darle a su negocio un aire de credibilidad y respetabilidad. A partir de esa triquiñuela, ofrece curar todo tipo de males “sin medicinas, sin cirugías, sin trucos!”, tan sólo con un “Protocolo alimenticio – 100% Natural”.

En su propaganda, el individuo en cuestión afirma, en un disparatado lenguaje reñido con la medicina, que mediante sus recomendaciones sobre qué comer y qué no comer, se logra que en 90 días sanen “síntomas comunes” como “Colesterol (Alto), Fatiga Crónica, Diabetes, Insomnio, Estreñimiento, Psoriasis, Lupus, Obesidad, Colitis, Tiroides, Gastritis, Calculos (Vesícula), Úlcera Péptica, Hígado Graso, Próstata (Cáncer), Anemia, Alergias, Migraña”.

El pobre Donnato de la O, por lo visto, aunque alardea de curar todos los males habidos y por haber, no sabe siquiera distinguir entre síntomas, enfermedades, condiciones, glándulas y órganos. Porque la diabetes, la psoriasis o el lupus no son síntomas sino enfermedades, la tiroides tampoco lo es, sino una glándula, y la obesidad no es órgano, síntoma ni enfermedad sino una condición.

Pero no es de extrañar la total ignorancia del tal Donnato en cuestiones médicas, porque no es médico ni cosa que se parezca. Sus conocimientos —declarados por él mismo— consisten en un doctorado en teología, un diplomado en “training of trainers” (es decir, en adiestramiento de adiestradores, sea lo que sea tal cosa), un certificado —de esos que cualquier hijo de vecino obtiene con sólo pagar unos cursillos de unos cuantos días— de “terapeuta en análisis transaccional y gelstat”, una constancia de haber asistido a cursos de meditación y artes curativas en alguna de esas oscuras universidades de la India especializadas en vender títulos, “Curandería con curanderos Amazónicos y Mesoamericanos”, algún puesto gerencial en una empresa, y algunos trabajos para el Consejo Mundial de Iglesias.

Nada, ni por asomo, de estudios o conocimientos médicos o científicos. Pero el individuo de marras no tiene empacho en lanzar afirmaciones tan disparatadas como las siguientes, que transcribimos con total respeto a la ortografía y la sintaxis:

“Te haz preguntado porque te enfermas?”

“Las ¨enfermedades¨ no caen del cielo, entran por la boca vía nuestros alimentos, y también así se curan.”

“Que es la regeneración celular? La capacidad autoregenerativa del organismo humano es natural, precisa y sorprendentemente rápida, en su mayoría nuestro cuerpo se regenera en tres meses (90 días), esto quiere decir que la mayoría de tus condiciones degenerativas de salud, ya sean enfermedad, malestar o síntoma, se pueden eliminar en este mismo tiempo, vía una óptima regeneración celular, visita nuestra Red Nacional de Trofólogos.”

Y para que nadie dude que de medicina nada sabe pero pese a ello se considera tanto o más capaz que los médicos para lidiar con las enfermedades, asegura campechanamente (seguimos respetando ortografía y sintaxis):

“De medicina yo no sé nada… yo tan solo se curar”… “Las cosas que digo se basan en la autoridad que me confiere mi presencia y mi experiencia, no por títulos colgados en la pared.”

Si este personaje —que sólo resultaría cómico si no jugara con la salud y la vida de los demás— es quien encabeza el sedicente instituto nacional de trofología, fácil es imaginar qué nivel de preparación y conocimientos tendrán los demás “trofólogos” de la red que opera en diferentes ciudades del país. Si algún ingenuo se pone en sus manos, más vale que Dios lo agarre confesado.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 4 de diciembre de 2014

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