La amenaza del ébola

IMPACTO AMBIENTAL

La amenaza del ébola[1]

Juan José Morales

Quizá una de las razones por las que el ébola casi ha dejado de ser noticia, aunque está causando miles de muertos, es porque el problema sigue confinado esencialmente a los países africanos y ya se sabe que la vida de «los negritos» nunca ha sido preocupación de las grandes potencias. Otra razón es porque, si bien en un principio hubo temores de que pudiera propagarse explosivamente a Europa y el continente americano, eso no ha ocurrido.

Aquellos temores iniciales derivaban del hecho de que por sus características de largo período de incubación, y por el hecho de que en esta época los viajes de un continente a otro son cuestión de horas, no de meses como en tiempos de la navegación a vela, o de semanas como en los buques de vapor, parecía muy difícil evitar que la epidemia saltara de un país a otro.

clip_image002Países en que se han registrado brotes de ébola y los principales aeropuertos en los cuales, según recientes estudios científicos, son mayores las probabilidades de que a través de ellos se propague la enfermedad de un continente a otro.

En efecto, como señala el Centro de Prevención y Control de Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, el ébola tiene un periodo de incubación de entre dos y 21 días. Es decir, pueden pasar hasta tres semanas después de haber sido infectada una persona antes de que comience a presentar los primeros síntomas. En ese lapso, puede viajar y estar en contacto con muchísima gente en su ámbito familiar, social y de trabajo.

Pero, sobre todo, una persona infectada hoy y potencialmente transmisora del virus, puede así estar mañana por la noche a miles de kilómetros de distancia, en otra ciudad, después de haber viajado en compañía de un par de cientos de personas en el avión y estado en contacto con el personal de las aerolíneas, aduanas, migración y demás servicios.

Vistas así las cosas, podría parecer que no son muy efectivas las medidas de control que ahora se aplican en los aeropuertos para evitar la entrada de viajeros probablemente portadores del virus y que consisten en determinar si presentan fiebre, dolores abdominales u otras de las señales iniciales del ébola. Podría perfectamente pasar ese filtro y luego diseminar el virus en el país de llegada.

En tales condiciones, los grandes aeropuertos en los cuales confluyen vuelos procedentes tanto de África como de otros muchos lugares del mundo, serían los conductos más probables de propagación de la enfermedad. Un grupo de investigadores del Instituto de Informática de la Sociedad Max Planck, de Alemania, tras estudiar los datos del tráfico aéreo de casi 3 500 aeropuertos de todo el mundo, más de 68 rutas aéreas y 171 tipos de aviones de pasajeros, llegó a la conclusión de que el aeropuerto alemán de Francfort del Meno presenta casi cien por ciento de probabilidades de ser centro de propagación de cualquier enfermedad respiratoria o del virus del Ébola. Y, desde luego, ese no es el único aeropuerto que ofrece tan alto riesgo. Tanto el de Beijing en China como los de Heathrow en Londres, y John F. Kennedy en Nueva York, presentan probabilidades superiores al 90%. Ante estudios de este tipo, no faltaron propuestas en el sentido de mantener aislados, en cuarentena, a todos los viajeros procedentes de países donde hay brotes de ébola, hasta tener la certeza de que no están enfermos.

Aquellos temores, sin embargo, han ido desapareciendo. Y es que, a diferencia de enfermedades como la influenza, que pueden transmitirse por el aire, mediante un simple estornudo que disperse saliva cargada con el virus, el ébola sólo se transmite mediante el contacto con la sangre u otros fluidos corporales de la persona o el animal infectado. Se puede viajar al lado de un pasajero infectado que aún no presente síntomas, sin temor a contagiarse. Y si bien esa persona es una posible fuente de contagio, sólo corren peligro aquellos que tengan un contacto estrecho con ella. En términos generales, dice la Organización Mundial de la Salud, el riesgo para la población general es bajo.

Por supuesto, las autoridades deben tomar precauciones, como aislar y tratar debidamente a los enfermos. Pero no hay que caer en la histeria ni tomar medidas radicales que signifiquen discriminar y estigmatizar a alguien.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 6 de enero de 2015

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