La cristalina comicidad involuntaria de doña Beate

ESCRUTINIO

La cristalina comicidad involuntaria de doña Beate[1]

Juan José Morales

En estos tiempos de crisis, inseguridad, carestía, devaluación, desempleo, estancamiento económico y muchos etcéteras, y en que casi no hay más que malas noticias, hace falta un poco de comicidad —aunque sea involuntaria— para no caer en la depresión. Y acabo de encontrar una buena dosis de ella en un artículo de cierta Asociación Antakarana, sobre un timo muy extendido: la sanación con cristales.

clip_image001Quizá así son las ceremonias en las que —con ayuda de los cristales— se abren puertas a otras dimensiones, puede uno transportarse más velozmente que la luz hasta distantes galaxias, remontarse a sus vidas pasadas y capturar “una impronta energética altamente empática y profundamente espiritual, sensible, considerada, altamente intuitiva y muy conectada espiritualmente” pero que “no se integra bien en la tercera dimensión”. No se preocupe si no entendió nada de lo anterior. Es el tipo de palabrería ininteligible, hueca y disparatada con que los charlatanes impresionan a los incautos.

El artículo está firmado por una señora de nombre Beate M. Schweder, quien se presenta como Formadora y Terapeuta de Resonancia Psico-Energética con Cristales. Se arranca doña Beate con las habituales afirmaciones de que con cuarzos y otros cristales se puede curar un sinfín de enfermedades físicas y síquicas, equilibrar nuestros chakras —aunque no existan— y “sanar nuestros cuerpos sutiles”, sean lo que sean los tales cuerpos. Continúa con una copiosa palabrería sobre cómo vivir en resonancia con el Universo, subir por los peldaños de la escalera energética y desarrollar nuestro “camino cristalino” (sobre el cual probablemente habrá que caminar de puntitas y con mucho cuidado para no romperlo), y luego lanza afirmaciones tan divertidas como que además de curar todos los males habidos y por haber, “algunos cristales son portadores de mensajes de otros tiempos y espacios que pueden ser activados por medio de la meditación y de la ensoñación creativa. Estos mensajes suelen ser de gran relevancia personal y universal. Han esperado ser entregados hace millones de años y requieren ser tratados con respeto y atención.”

¿Quién elaboró los mensajes de marras? ¿Por qué fue tan ineficiente el correo cristalino para entregarlos? Pero, sobre todo, ¿qué dicen? La autora del artículo ni siquiera lo insinúa. Cada quien, a través de sus elucubraciones mentales les dará remitente, forma y contenido. Pero, eso sí, como se corre el peligro de que el receptor sea muy olvidadizo y no memorice bien los recados, “podemos anotar los mensajes en un diario cristalino para que no se olvide su contenido sagrado”. Ignoro si los embaucadores que venden cristales de sanación también ofrecen en su catálogo los cristalinos diarios para apuntes, pero no me extrañaría que ya los hayan incluido en la lista de productos con que vacían bolsillos ajenos.

Más adelante viene la promesa de viajar gratis a mundos lejanos y de ganar el Premio Nobel de Física con ayuda de los cristales, pues —prosigue doña Beate— “pueden abrir puertas dimensionales para una comunicación interestelar”. Pero habrá que compartir el galardón, pues las susodichas puertas cósmicas sólo se abren si los cristales “son utilizados en ceremonias creadas para este fin”, “las cuales se preparan y se celebran en grupo, habitualmente en lugares con una energía especial y apartados del mundo ruidoso… para entrar en contacto con nuestros hermanos estelares de la Luz y ayudarles en su tarea del despertar humano”.

Desde luego, como es usual en estas cuestiones de charlatanería, esoterismo, magia y similares, las ceremonias deben realizarse en “días energéticamente potentes, como por ejemplo los equinoccios, solsticios y ciertos meses de luna llena”. Y podríamos añadir que, para solaz y contento de los participantes, conviene aprovisionarse, a fin de hacer más grato el cristalino jolgorio, con una buena dotación de cerveza y tacos de cochinita… o de lechuga y ruibarbo si los asistentes son vegetarianos, como habitualmente lo son quienes creen estas paparruchas.

No sólo a distantes galaxias pueden llevarnos los cristales. También a nuestro lejano y olvidado pasado, pues “cuando trabajamos conscientemente con los cristales, se activan poco a poco nuestros recuerdos de otras vidas”. Y por si todo eso fuera poco, sirven también para “protegernos de la densidad de las energías viejas”.

Le agradezco a doña Beate haberme divertido con esta muestra de comicidad involuntaria, que he querido compartir con los lectores.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 18 de diciembre de 2014

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