El reino olvidado de Tzemé

ESCRUTINIO

El reino olvidado de Tzemé[1]

Juan José Morales

Como informó ayer en su edición de Yucatán nuestro periódico citando declaraciones del Dr. Fernando Robles Castellanos, arqueólogo del INAH, al noroeste de Mérida, y muy cerca del área urbana, se ha descubierto una serie de importantes zonas arqueológicas de las que mucha gente no tenía noticia o siquiera sospechaba su existencia.

Aquellos hallazgos, sin embargo, no fueron accidentales. Son resultado de un largo y difícil trabajo de exploración de esa zona, de la cual se creía que no había albergado ciudades mayas importantes y por ello no se le prestaba mayor atención. Sobre esas investigaciones escribí hace cerca de 15 años, en el ya desaparecido diario La Crónica de Cancún. Bajo el título El reino olvidado de Tzemé, señalaba yo en aquella ocasión que «recientes exploraciones han revelado que en aquel rincón noroccidental de la península hubo durante el Período Clásico docenas de centros de población, algunos de considerables dimensiones, que al parecer estaban organizados en un cacicazgo cuya capital política era Tzemé.»

imageLa zona sombreada es la que se cree abarcó el reino o cacicazgo de Tzemé en el rincón noroccidental del mundo maya. A él pertenecían cuando menos 65 poblaciones de diverso tipo, incluso varias de considerable tamaño. Un hecho notable es que en ocho de ellas se han descubierto juegos de pelota. Mapa cortesía de Anthony P. Andrews y Fernando Robles Castellanos.

«Los hallazgos «”proseguía mi artículo»” se hicieron durante el programa de exploraciones del noroeste de Yucatán encabezado por Anthony P. Andrews y Fernando Robles Castellanos, de la Universidad del Sur de Florida y el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México respectivamente.

Cuando se iniciaron las investigaciones, sólo se conocían doce asentamientos prehispánicos en la región. Tras la primera temporada de trabajo, su número aumentó a 65. Es decir, 53 más. De ellos, uno es un caserío costero, 46 son aldeas de pequeño a mediano tamaño situadas tierra adentro, y cuando menos seis pueden considerarse grandes poblaciones con centros cívicos formados por plazas con templos piramidales rodeadas de numerosos edificios residenciales que abarcan varias hectáreas.»

Los datos recogidos en aquella primera etapa de exploraciones indicaron que el mayor de esos centros urbanos del noroeste de la península parecía ser Tzemé, que presumiblemente fue la capital política, religiosa y económica de la región. Tenía una megaplaza de 300 metros de largo por 150 de ancho «”45 000 metros cuadrados en total»” rodeada por acrópolis y grupos de edificios de arquitectura monumental. En la gran plaza se levantaban también dos pirámides, una de 12 y la otra de 15 metros de altura. Los reconocimientos preliminares han llevado a la conclusión de que el área urbana cubría un área de por lo menos tres kilómetros cuadrados.»

«Tzemé «”señalábamos en aquel entonces»” alcanzó su apogeo durante el Clásico, cuando se levantaron las principales edificaciones, y fue destruida en el Posclásico. Posteriormente, la ciudad siguió ocupada, pero ya sin su antigua grandeza. Sus habitantes no se preocuparon por levantar nuevos edificios o siquiera por mantener los ya existentes y se limitaron a construir toscos muros.»

Sin embargo, la zona continuó habitada tanto durante la última fase del período prehispánico, como después de la conquista española. «Tierra adentro «”escribíamos entonces»” todavía se conservaba una población lo bastante nutrida para que a Tzemé se le considerara pueblo en la época colonial.» Y, por supuesto, tras la independencia se mantuvo una considerable cantidad de habitantes, que ha aumentado bastante en tiempos recientes.

«Puede decirse entonces «”concluíamos en el artículo, y repetimos ahora»”, que el antiguo reino de Tzemé nunca ha dejado de estar habitado a lo largo de 23 siglos, desde mediados del Preclásico, allá por el año 300 antes de nuestra era, hasta el presente.»

Y, como bien señala Robles Castellanos, hay que hacer los mayores esfuerzos posibles por evitar que esas zonas arqueológicas sean víctimas de la expansión urbana. Hay que conservarlas, en primer lugar, por su gran valor histórico, y en segundo por la fauna y la flora poco comunes ahí existentes, muy diferentes a las de selva baja espinosa caducifolia predominante en el noroeste peninsular.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 4 de febrero de 2015

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