El temido niño de la tierra

IMPACTO AMBIENTAL

El temido niño de la tierra[1]

Juan José Morales

Una lectora recientemente avecindada en Playa del Carmen, me escribe que mi reciente artículo sobre el Liladownsia fraile, la nueva especie de saltamontes descubierta en Oaxaca, le recordó al famoso cara de niño, un insecto más o menos parecido, y pregunta si existe en Quintana Roo, pues cuando vivía en una ciudad del estado de México le decían que es extremadamente venenoso y debía cuidar a sus hijos de él.

imageEste es el malafamado cara de niño o niño de la tierra. Es de hábitos nocturnos y las horas del día las pasa bajo tierra. A esa forma de vida, y a la vaga semejanza que tiene con una caricaturesca cabeza de niño, se deben sus nombres comunes. Puede vivir más de dos años y es totalmente inofensivo.

No tiene por qué preocuparse. Ni el animalillo en cuestión es lo temible que se dice —aunque sí muy temido— ni existe en Quintana Roo o en la península de Yucatán en general. Sólo se le encuentra en las tierras altas desde el suroeste de Estados Unidos hasta Centroamérica.

Pero vamos por partes. Ese insecto, conocido popularmente como cara de niño, niño de la tierra o grillo de Jerusalén y denominado Stenopelmatus talpa en la clasificación científica, carece por completo de veneno. Es tan inofensivo como un grillo o un chapulín, insectos con los cuales está directamente emparentado ya que pertenece al orden zoológico de los ortópteros, que también incluye a las langostas y que se caracterizan por sus grandes y robustas patas, con las cuales algunos de ellos pueden dar grandes saltos.

El cara de niño, sin embargo, no es saltarín como sus primos, ni tampoco emite los fuertes y característicos chirridos de los grillos sino sólo unos ruidos poco notorios frotándose las patas. En la época de apareamiento, el macho produce también una especie de tamborileo golpeando el vientre contra el suelo, como señal sexual para atraer a la hembra.

Una de las razones por las que mucha gente le teme a este insecto, es por su aspecto y su tamaño relativamente grande: entre tres y cinco centímetros de largo, con la cabeza y el tórax bastante grandes. Quizá también, en el temor que provoca influye su coloración negra con franjas anaranjadas, cabeza roja y patas rojizas o anaranjadas. El nombre de cara de niño deriva del hecho de que su gran cabeza redondeada, con dos ojos negros muy conspicuos y bastante separados entre sí, recuerda a la de un bebé. De hecho, es el insecto con más semejanza a un rostro humano. El nombre de niño de la tierra obedece a que vive enterrado en el suelo —preferentemente en lugares húmedos—, en el cual se sepulta excavando con sus fuertes mandíbulas. Y nadie ha podido dar una explicación satisfactoria sobre el apelativo de grillo de Jerusalén, el cual resulta bastante extraño ya que ninguno de los insectos del género al que pertenece existe en la región de Palestina ni en ningún otro sitio del Viejo Mundo sino exclusivamente en el continente americano.

Es de hábitos nocturnos. El día lo pasa en su madriguera subterránea y es por la noche cuando sale a merodear en busca de alimento y de pareja sexual para reproducirse. Es omnívoro. Come lo mismo raíces de plantas que insectos, lombrices, gusanos, pasto, materia vegetal muerta y prácticamente todo lo que se pone a su alcance. Su abundancia en la época de lluvias se debe a que, al inundarse sus escondites, escapa para no morir ahogado. Aunque usualmente vive en el campo, puede penetrar a los hogares. Pero no hay razón alguna para temerle. Lo único que puede ocurrir si alguien lo agarra, es que lo muerda con sus fuertes mandíbulas, que podrían tener tierra y bacterias, pero basta lavarse bien y aplicarse un antiséptico para evitar una posible infección.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 13 de marzo de 2015

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