Las ciudades prohibidas de Quintana Roo

ESCRUTINIO

Las ciudades prohibidas de Quintana Roo[1]

Juan José Morales

Hace cerca de seis años, en mayo de 2009, bajo el título «Una visita a la ciudad prohibida», publiqué en esta misma columna un comentario acerca de los enclaves urbanos prácticamente sustraídos a la autoridad municipal, estatal o federal que se han ido creando durante los últimos tiempos en Quintana Roo. Se trata de fraccionamientos de lujo a los cuales no se permite el libre acceso a nadie que no sea residente, empleado, proveedor o sirviente de los hoteles, residencias, condominios y demás edificios del lugar. No pocos casos se han dado en que, después de ocurrir un accidente o cometerse un delito en esos lugares, se intenta impedir el paso a la policía y otras autoridades.

imageMuchos problemas ha habido en Playacar, como la destrucción de dunas costeras «”lo cual provocó una fuerte erosión de playas que incluso hizo derrumbarse residencias»” y construcciones ilegales al amparo de falsos permisos. A esas irregularidades se suma el cierre de accesos a playas, zonas arqueológicas y otros sitios mediante la instalación «”que ya se ha iniciado, como se ve en la foto»” de cercas de malla, cadenas y puertas.

En aquella ocasión nos referíamos al fraccionamiento Playa Mujeres, situado al norte de Cancún. Pero no es la única de esa especie de ciudades prohibidas para los nativos. Hay otras, de diverso tamaño, y su número ha ido aumentado. En la mayoría de los casos, la prohibición de acceso se basa en el argumento de que se trata de propiedad privada y esos lugares cuentan con su propio servicio de vigilancia.

En efecto, para mantener esas zonas residenciales en calidad de cotos privados, aislados mediante cercas, alambradas, altas rejas, vallas móviles y guardias privados, se ha utilizado en algunos casos el recurso de construirlos bajo el régimen de condominio, en el cual no únicamente las residencias sino también calles, avenidas, parques y jardines son propiedad comunal.

Sin embargo, la práctica de apropiarse de calles y parques e impedir la entrada a quienes no son vecinos del lugar, está extendiéndose incluso a calles y fraccionamientos que no tienen calidad de condominios. Es frecuente, por ejemplo, que los habitantes de una calle instalen una barrera para controlar el acceso, con el argumento «”bastante sólido por lo demás»” de que sólo así pueden proteger sus viviendas de la delincuencia, dada la ineficiencia de la policía preventiva para prevenir los delitos y del ministerio público para investigarlos y dar con los malhechores.

Pero ahora, el asunto se ha extendido a un gran fraccionamiento: Playacar Fase I, en Playa del Carmen. Y no se limita a las calles, sino que incluye las playas, que son zona federal, y las zonas arqueológicas ahí existentes, que son patrimonio de la nación.

Nos informan vecinos del fraccionamiento, que bajo la excusa de «su seguridad», desde hace unas semanas la administración de Playacar Fase I inició el cierre de calles y accesos aun en las playas y las zonas arqueológicas del INAH, lesionando los intereses de los habitantes del vecino fraccionamiento Playacar fase II.

Aquí cabe precisar que el primero es un fraccionamiento municipalizado, por lo que calles, parques, avenidas y demás áreas similares son públicas y de libre acceso. Fase II, en cambio, sí tiene carácter de condominio, el cual incluye las calles, que son de carácter privado. Y entre ambos fraccionamientos siempre ha habido conflictos por cuestiones de acceso.

Ahora, por lo visto, el problema ha llegado a un nivel más alto. Habrá que ver cómo actúan las autoridades ante esta situación, que ahora va más allá de discrepancias entre los moradores de dos zonas residenciales parecidas pero diferentes, y ya involucra de hecho la apropiación y privatización de playas y zonas arqueológicas.

Y, ya en un contexto más amplio, sería deseable que las autoridades definan la situación legal de todos esos enclaves, esas ciudades prohibidas que han proliferado en los últimos tiempos en Quintana Roo, para determinar cuáles son auténticos condominios y cuáles son espacios públicos de los que se han adueñado particulares.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 3 de marzo de 2015

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