El Verde, publicidad y propaganda

ESCRUTINIO

El Verde, publicidad y propaganda[1]

Juan José Morales

Alguien me ha preguntado por qué uso la palabra publicidad y no propaganda al referirme a la del llamado Partido Verde. La razón es simple: la propaganda sirve para difundir ideas, conceptos, programas, planes, proyectos, propuestas de gobierno, etc. La publicidad sólo busca, como dicen los expertos en la materia, “posicionar” un nombre, una marca, un producto, un negocio, un restaurante, una persona, etc. Y en el caso del negocio familiar del Niño Verde, eso es lo que busca con su publicidad. Simplemente, fijar en la mente del público el nombre, el símbolo y el emblema del partido, como si fuera un producto de consumo. Y así, a la hora de votar, lograr —o tratar de lograr— que el elector marque automáticamente ese símbolo, porque ya el martilleo publicitario ha logrado metérselo profundamente en el cerebro, de igual manera que —gracias al bombardeo publicitario— muchas personas a la hora de comprar un refresco mencionan mecánicamente, sin pensarlo ni proponérselo, el nombre de aquel cuya asfixiante marea publicitaria hace que se le vea por todas partes, hasta convertirlo en la bebida por antonomasia y no sólo una más entre muchas.

La insistencia del PVEM en que el IMSS y el ISSSTE no entreguen medicamentos como es lo usual sino vales para canjearlos por medicinas en las farmacias no es casual: la familia de su líder máximo posee dos grandes cadenas de farmacias que, obviamente, resultan beneficiadas con ese procedimiento. De esta manera se sigue desmantelando los servicios de medicina socializada para finalmente privatizarlos.

imageEsto es lo que los mercadólogos están haciendo con el llamado partido verde. Lo tenemos, ya no en la sopa como se dice popularmente, sino —literalmente hablando—, hasta en las tortillas, pues su nombre y emblema aparecen en el papel de envoltura de las tortillas.

Pero, como señalábamos, todo eso no pasa de ser mera publicidad. Una simple estrategia mercadotécnica, no una verdadera propaganda política. Si bien se mira, el Verde no propone nada importante. Jamás ha hablado, por ejemplo, de aumentar el salario mínimo, establecer el seguro de desempleo, crear la pensión universal para ancianos y discapacitados, impulsar el desarrollo del campo o garantizar la soberanía sobre nuestros recursos energéticos. Sus propuestas son totalmente inocuas, como ofrecer clases de inglés en las escuelas. No implican ningún cambio. Haber prohibido los espectáculos con animales, por ejemplo, no ha hecho que mejore un ápice la condición de vida de los mexicanos. Por lo contrario, hundió más en la pobreza, e incluso lanzó a la miseria, a decenas de miles de cirqueros y sus familias. Asimismo, su campaña para implantar la pena de muerte —que por cierto fue condenada por los partidos ecologistas de Europa—, luego limitada a pedir cadena perpetua, no ha servido en absoluto para disminuir los cada vez mayores niveles de inseguridad y criminalidad. Y es que ya está demostrado hasta la saciedad que endurecer las penas y llenar las cárceles con delincuentes o supuestos delincuentes no es la solución. Pero el Verde —que, como decíamos, sólo usa técnicas de mercadotecnia para embaucar a los votantes— apela a los sentimientos viscerales de venganza de la gente. No propone atacar las causas de la inseguridad y la delincuencia, sino —al estilo porfirista— matar a los delincuentes o meterlos en una jaula y tirar la llave al río… aunque desde la cárcel sigan manejando los hilos de las bandas criminales y dándose buena vida gracias a la corrupción imperante en los penales.

Mucho menos propone el Verde combatir en serio la corrupción. Después de todo, está también profundamente metido en ella, como lo demostraron, por ejemplo, el reciente caso del hermanito cómodo que compartía contratos publicitarios con los dirigentes del partido, o aquel famoso video en que El Niño Verde pregunta cínicamente de cuánto será su “mochada” en un sucio negocio de tráfico de influencias en Cancún.

En resumen: a un costo de muchos cientos o miles de millones de pesos, en parte aportados por el gobierno y en parte de ignorado origen, se nos está —como dicen los mercadólogos— “vendiendo” la imagen de un supuesto partido independiente que no es sino una rama del PRI.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 7 de abril de 2015

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