El pájaro dziú y el parasitismo de puesta

IMPACTO AMBIENTAL

El pájaro dziú y el parasitismo de puesta[1]

Juan José Morales

Un buen amigo y mejor actor, Hirán Sánchez, excelente narrador y escenificador de cuentos, tiene entre su repertorio la leyenda maya del pájaro dziú, un ave que salvó las semillas del maíz durante un gran incendio que arrasaba los campos agrícolas, y con su hazaña garantizó que los hombres siempre tuvieran alimento.

Para recompensarlo por tal proeza, y a propuesta del pájaro reloj o toj, como se le llama en maya, las demás aves acordaron que en adelante el dziú gozaría del derecho a poner sus huevos en el nido de cualquier pájaro, y que todos ellos se comprometían a cuidarlos como si fueran propios. “Desde entonces —continúa la leyenda—, el dziú no se preocupa de hacer su hogar ni de cuidar a sus crías. Sólo grita su nombre cuando elige un nido y los pájaros miran si acaso fue el suyo el escogido, dispuestos a cumplir su promesa.”

clip_image001Este es el dziú, como se le llama en maya, vaquerito o tordo de ojos rojos en español. Mide entre 16 y 22 centímetros de largo y pertenece al vasto orden zoológico de los paseriformes, esas aves popularmente conocidas como pájaros o aves canoras. Está emparentado con las calandrias y todos los miembros de su mismo género, el Molothrus, son parásitos obligados. Es decir, no construyen nidos ni atienden sus huevos, sino que los depositan en nidos ajenos, de pájaros de otras especies, para que ellos los incuben y alimenten a las crías.

Esta fábula tiene una buena dosis de verdad. Efectivamente, el dziú o tordo de ojo rojo como se le llama en español, Molothrus aeneus en la clasificación científica, no construye nidos ni alimenta a sus polluelos, sino practica lo que los biólogos denominan parasitismo de puesta, el cual consiste en poner sus huevos en los nidos de aves de otras especies, como cenzontles y calandrias, para que sean ellas las que los empollen y den de comer a las crías después de nacidas. No tiene preferencia por ninguna especie de ave. Utiliza indistintamente los nidos de todas las que encuentre, sin más condición que sean menores que el propio dziú. Al parecer, con eso busca que, al ser sus polluelos mayores que los del hospedero, éste les dé prioridad al alimentar las crías.

Ampliamente distribuido desde el suroeste de Estados Unidos hasta Panamá y el norte de Colombia, abunda en todo México, excepto la península de la Baja California y los desiertos del altiplano del norte. Se le encuentra lo mismo en áreas arboladas que en matorrales y pastizales y llega a formar bandadas de varios cientos de individuos. Su nombre común se debe a que tiene el iris del ojo rojizo. Y el color de su plumaje —negro bronceado en los machos y negro cenizo en las hembras— es resultado, según la leyenda, de que para rescatar los granos de maíz se acercó demasiado al fuego que estaba a punto de consumirlos.

No es el pájaro dziú sin embargo el único que presenta esta estrategia reproductiva de aprovechamiento de nidos. También se observa en otras aves, ya que tiene la ventaja de que las libera de la inversión en tiempo, esfuerzo y energía que significa construir el nido, proteger los huevos, y defender y alimentar a las crías. De esta manera pueden tener gran número de descendientes en poco tiempo y con poco gasto de energía.

Un refinamiento de esta estrategia es que las aves parasitarias ponen sus huevos en varios nidos, no en uno solo, para así reducir las probabilidades de que un depredador acabe con todos.

Desde luego, cabe preguntarse por qué las aves parasitadas aceptan los huevos ajenos y atienden a los polluelos de ellos nacidos. Hay varias razones. Una, es que los huevos son tan parecidos a los suyos en forma, tamaño y coloración que no pueden diferenciarlos. Otra es que son demasiado duros para romperlos. O bien, no intenta echarlos del nido por temor a perder también los propios. También se han observado casos de lo que podría denominarse venganza del intruso. Es decir, que cuando sus huevos son destruidos o echados del nido, toma represalias atacando a la hembra que lo hizo y destruyendo los suyos. Por temor a que tal cosa ocurra, entonces, esa hembra prefiere aceptar las cosas y de ese modo salvar los propios.

Una vez nacidos los polluelos, los falsos padres los alimentan al parecer porque el interior de sus picos tienen colores y aspecto similares a los de la especie parasitada, y es justamente la visión del pico abierto la que induce a los padres a depositar en ellos el alimento que regurgitan.

Un mito muy extendido acerca de este pájaro es que basta la sombra del macho para fecundar a la hembra. Esta creencia obedece —explican los biólogos Juan Bautista Chablé, Ernesto Gómez Uc y Eduardo Pasos Enríquez en su libro sobre aves del sur de Yucatán— a que durante el apareamiento el macho vuela sobre la hembra y desciende lentamente hasta cerciorarse de que será aceptado. Es sólo entonces cuando termina el descenso. Mientras tanto, parece que sólo está proyectando su sombra sobre ella.

En fin, el pájaro dziú de la leyenda es en la realidad un interesante sujeto de estudio para los biólogos.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 11 de mayo de 2015

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