Antídoto para la compra y coacción del voto

ESCRUTINIO

Antídoto para la compra y coacción del voto[1]

Juan José Morales

Cuando se acusa al PRI o a algún otro partido de practicar la compra de votos o coaccionar a los electores «”especialmente empleados públicos o personas en situación vulnerable»” para obligarlos a sufragar en su favor, a menudo se intenta desmentir tal imputación con el argumento de que el ciudadano entra a la casilla de votación solo y no hay manera de comprobar si efectivamente votó en la forma que se le había indicado o ejerció libremente su decisión.

clip_image001Además de las tradicionales despensas y regalos de todo tipo como los que usualmente reparte el PRI, y ahora también el Verde, hay muchas otras formas de presionar, coaccionar, amedrentar y amenazar a los votantes. Pero todo ello puede ser neutralizado en la casilla de votación de una manera muy sencilla, como se indica en estos comentarios.

Suponer que las cosas ocurren así es pecar de ingenuidad. En realidad los compradores de votos tienen muchas y muy diversas maneras de lograr su propósito. De ellas hemos hablado en otras ocasiones en esta columna. Por ejemplo, las promesas de regalos o pagos en efectivo a posteriori. Esto es, condicionadas a que el partido triunfe. Fresco está aún el recuerdo de las elecciones presidenciales de 2012 y las famosas tarjetas de Soriana, repartidas antes de la votación con la promesa de que serían activadas si triunfaba Peña Nieto y sus poseedores podrían de esa manera disponer de su importe para hacer compras. Peña Nieto ganó»¦ pero las tarjetas nunca fueron activadas.

Otro procedimiento de compra o coacción del voto es el de la boleta reciclable: alguien se presenta a votar en cuanto se abre la casilla, recibe la papeleta que le corresponde pero no la deposita sino se la guarda en la bolsa. Luego le es entregada, previamente marcada, a un votante, que debe depositarla y entregar en blanco la boleta que recibe de los funcionarios de casilla para probar que depositó la que se le había dado. La operación se repite una y otra vez a lo largo de la jornada.

Actualmente, con el auge de los teléfonos celulares, es común que se indique a los votantes marcar su boleta, fotografiarla antes de depositarla en la urna, y mostrar la fotografía como prueba de haber cumplido la orden.

Pero hay una manera muy simple «”que también hemos mencionado en ocasiones anteriores»” de neutralizar la compra y la coacción del voto: una vez marcada la boleta conforme a las indicaciones recibidas, y después de haberla fotografiado para constancia, basta cruzar los símbolos de otros partidos o rayarla totalmente antes de doblarla e introducirla en la urna.

Lo mismo puede hacerse en el caso de recibir una papeleta previamente marcada. Es decir, también cruzar otros símbolos o rayonearla. Una boleta así marcada, contará automáticamente como voto nulo, y los mapaches electorales resultarán chasqueados. Así, aunque al votante se le impida ejercer el sufragio de manera libre y secreta y se le obligue a votar contra su voluntad, al menos su voto no contará en favor de quienes recurren a la compra y la coacción.

Más todavía: si el elector quiere no sólo evitar que su voto sea mal utilizado, sino además ejercer realmente su derecho, puede llevar en el bolsillo un pequeño pedazo de acetato transparente, trazar en él una cruz, poner el acetato sobre la boleta de modo que la marca quede sobre el símbolo del partido por el cual se le quiere obligar a votar, y fotografiarla. Podrá así «probar» que cumplió la orden, y luego, tras retirar el acetato, marcar en la boleta el símbolo del partido de su preferencia.

En fin, hay antídotos contra quienes compran, presionan, amenazan o coaccionan a los votantes.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 26 de mayo de 2015

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