El (no tan) extraño caso de las finanzas verdes

ESCRUTINIO

El (no tan) extraño caso de las finanzas verdes[1]

Juan José Morales

El llamado Partido Verde Ecologista de México «”que como ya vimos ni es partido ni mucho menos ecologista»” ha acumulado en los últimos meses mayor cantidad de sanciones y multas por graves violaciones a la ley electoral que todos los otros (verdaderos) partidos juntos. La más reciente fue por más de 329 millones de pesos, cantidad superior «”sin contar las anteriores»” al presupuesto para gasto ordinario del PVEM en este año, que es de 323 millones.

Pero, misteriosamente, mientras más multas se le imponen a ese seudopartido «”y en consecuencia mientras menos recursos debía tener»”, más dinero gasta en su avasalladora publicidad. Y, lógicamente, salta la pregunta obligada: ¿De dónde provienen esos inagotables fondos económicos? O, para utilizar la letra de aquella pegajosa canción de Chico Ché, ¿quién pompó esas cositas»¦ quién pompó vestidito»¦ quién pompó ese cochecito?

clip_image001La caricatura ilustra muy bien la similitud de prácticas del PRI y sus satélites, el llamado Partido Verde «”el negocio familiar de la familia González»” y el Panal, el desprendimiento priísta encabezado por Elba Esther Gordillo. La compra de votos y las violaciones a la ley que los tres organismos cometen, son tratadas con gran lenidad y complacencia por las autoridades electorales.

Evidentemente, el negocio familiar de El Niño Verde está recibiendo un financiamiento que a primera vista parece de oscuro origen, aunque cualquier persona medianamente inteligente pronto percibe que no es tan oscuro sino que tiene un marcado tinte tricolor y un intenso resplandor de pantalla televisiva.

En efecto, como hemos mencionado en esta columna, el Verde se ha convertido en el mascarón de proa del PRI «”o más bien de los grandes grupos de poder económico y político»” para captar los votos de electores que no sufragarían por el PRI ni el PAN. Pero esta engañosa publicidad oculta el hecho de que un voto por el Verde es en realidad un voto por el PRI, ya que ambos formaron una coalición. Y, como se sabe desde hace muchos años, a través del Verde se manejan las candidaturas de personajes ligados a las dos empresas del duopolio televisivo, Televisión Azteca y Televisa, principalmente esta última.

Que las televisoras están detrás de la publicidad del PVEM, lo prueba entre otras cosas el hecho de que, como señaló el senador Javier Corral, las facturas por sus anuncios en televisión suman sólo 100 millones de pesos, aunque de acuerdo con las tarifas que manejan las empresas «”y que le cobrarían a cualquier otro anunciante»” su costo real es de 918 millones. En otras palabras: las televisoras financiaron con más de 800 millones de pesos al Niño Verde y su negocio.

Por su parte, Francisco Gárate, representante del PAN ante el Consejo General del Instituto Nacional Electoral señaló que un anuncio televisado de 20 segundos en horario triple A, tiene un costo de medio millón de pesos. Pero Televisa y Televisión Azteca supuestamente se los cobraron al Verde»¦ ¡a 400 pesos! Repito: 400, no 400 mil ni 4 000, sino 400. Todo esto es una descarada simulación, una evidente violación a la ley, ya que implica aportaciones en especie no declaradas.

En fin, el cúmulo de violaciones a la Constitución y a la ley electoral por parte del llamado Partido Verde justifica la demanda de que se le cancele el registro. Y a este respecto, discrepo de la opinión de quienes dicen que la autoridad, o sea el INE, no debe hacer tal cosa sino dejar que sean los propios electores quienes con su voto castiguen a ese seudopartido. El problema estriba en que con su aplastante campaña publicitaria violatoria de la ley y con esa verdadera compra de votos a través de tarjetas de descuento, regalos de todo tipo y otros actos prohibidos, el Verde puede cosechar suficientes votos para conservar su registro. Permitir que compita en tales condiciones equivale a dejar que en una carrera de bicicletas con un jugoso premio, se permita correr a un competidor que haya puesto motor a la suya, a cambio de que pague una multa muchísimo menor que el monto del premio. En este caso, el premio es el gobierno, con todos los productivos negocios que desde ahí pueden hacerse.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 19 de mayo de 2015

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