La buena caligrafía como remedio universal

QUE NO LE DIGAN, QUE NO LE CUENTEN

La buena caligrafía como remedio universal[1]

Juan José Morales

Casi todos los días me topo con un nuevo timo seudocientífico. Ahora se trata de la grafoterapia, un supuesto método de autocuración de los más variados males y padecimientos sobre el cual, curiosamente, recibí una invitación para asistir a una conferencia demostrativa.

Por supuesto, no pienso perder el tiempo asistiendo a ella. La Grafoterapia —escrita así, con mayúscula, para que parezca más respetable que la medicina, que realmente cura aunque se escriba con minúscula— se autodefine pomposamente como “una técnica naturopática de recuperación de la salud mediante la modificación de trazos de nuestra escritura”. Y no sólo cura, sino que, como es de esperar, de paso “corrige la disgrafía (mala letra), problemas relacionados con la ortografía, refuerza los hábitos de estudio y mejora la concentración y organización del tiempo de estudio”.

clip_image002Los médicos, cuya escritura casi ilegible es proverbial, deberían pasarse la vida aquejados por toda clase de padecimientos, ya que según la llamada grafoterapia, nuestros males del cuerpo y la mente pueden curarse sin mayor problema con unos simples ejercicios caligráficos.

Eso no es todo. Además, acaba como por ensalmo con el alcoholismo, el tabaquismo o cualquier otra adicción menor o mayor, convierte en mansas criaturas a quienes no puedan controlar su agresividad, levanta el ánimo en casos de depresión, devuelve la seguridad y la confianza en casos de inseguridad, timidez y baja autoestima, fortalece la memoria, transmite la paciencia de Job a cualquiera que no pueda controlar su irritabilidad, vuelve excelentes alumnos a quienes sufren de fobia a los exámenes, tienen malos hábitos de estudio o no logran asimilar los conocimientos, mejora los hábitos alimenticios, fortalece los vínculos sexuales… y todavía se añade por ahí a la lista un etc en el que cabe cualquier otro problema relacionado con el temperamento del individuo.

Si todo lo anterior le parece extraordinario y demasiado bueno para ser cierto, más extraordinario y demasiado bueno para ser cierto aún le parecerá la manera en que la grafoterapia logra tales prodigios: con unos simples ejercicios caligráficos a base de una docena de movimientos de la mano.

Sí. Así lo aseguran los llamados grafoterapeutas. “La Grafoterapia —afirman— realiza sorprendentes curas de problemas psicológicos y mentales a través de simples ejercicios de caligrafía… En síntesis, la grafoterapia se basa en realizar unos movimientos (12) que, al ser interiorizados, a través de los diversos ejercicios gráficos propuestos y dirigidos por un grafoterapéuta, producen un reflejo condicionado, el cual da una nueva respuesta a nuestra conducta.” En suma, una monada de terapia.

Pero no se crea que las maravillas de este procedimiento se limitan a cuestiones de la mente, el alma o el espíritu. No. También actúa directamente sobre la bioquímica y las funciones del cuerpo humano. “Con la utilización de la Grafoterapia —aseguran sus promotores— se actúa directamente sobre los centros nerviosos del cerebro, activando nuevos reflejos condicionados que actúan sobre las glándulas endocrinas y dando lugar a una reacción bioquímica capaz de regular el equilibrio del organismo.”

Y no hay que preocuparse por correr algún riesgo si recurre usted a este procedimiento. Dado que “la Grafoterapia se basa, únicamente, en la capacidad de autocuración del organismo, por eso no posee efectos secundarios”. Y podríamos agregar que no posee efecto alguno, ni secundarios ni primarios ni terciarios o cuaternarios, ni mucho menos benéficos o positivos. Su único efecto es aligerar el bolsillo del paciente.

Desde luego, no piense usted que podrá evitarse el gasto si en vez de consultar a un grafoterapeuta intenta mejorar su letra practicando los viejos y tradicionales ejercicios de caligrafía Palmer para así resolver todos sus problemas de salud pasados, presentes y futuros, reales o imaginarios. Nada de eso. La grafoterapia —advierte su publicidad— sólo resultará efectiva “siempre que sea aplicada por un experto. En Centro de Naturopatía (se omite el nombre para no hacerle publicidad gratuita) estaremos encantados de asesorarle ya que contamos con los mejores profesionales.”

¿Profesionales? ¿Dónde se estudia grafoterapia? Ya habrá usted adivinado la respuesta: en institutos “patito” y en cursos de dos o tres semanas.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 18 de junio de 2015

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