Sinfónicas, banquetes y políticos

ESCRUTINIO

Sinfónicas, banquetes y políticos[1]

Juan José Morales

Allá por los siglos XVII y XVIII, muchos duques, príncipes, reyes, obispos, arzobispos y otros personajes de similar ralea trataban a los músicos «”incluso a compositores cuyas obras siguen siendo parte del patrimonio cultural de la humanidad»” en la misma forma que a sus cocheros, mayordomos y criados de librea. A Mozart, por ejemplo, no era raro que cuando actuaba en la corte de algún noble, no se le sentara a la mesa con los invitados, sino que se le mandara a comer con la servidumbre.

Esto viene a cuento porque hace unos días, durante las celebraciones por los 45 años de vida de Cancún, en la cena de gala organizada por la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados, la Canirac, se utilizó a la Orquesta Sinfónica de Quintana Roo para «amenizar» el convivio.

clip_image001Conformada por 45 elementos y dirigida por el maestro Ricardo Corona, la actual Orquesta Sinfónica de Quintana Roo se formó apenas el año pasado e inició sus actividades en febrero del presente. Hace años hubo otra, pero desapareció como consecuencia de la falta de apoyo gubernamental y el desinterés de la iniciativa privada por constituir un patronato que garantizara su estabilidad y permanencia.

El evento se incluyó en el programa oficial de festividades conmemorativas del ayuntamiento y en él se decía que la cena «”a $1 500 el cubierto»” sería a beneficio del H. cuerpo de Bomberos y del DIF municipal, pero en declaraciones de algunos de los organizadores se habló de que sólo «parte de lo recaudado», sin especificar cuánto, se destinaría a esas instituciones.

Sea cual sea la versión correcta no importa. Lo fundamental de este asunto que se utilizó a la Sinfónica como simple «broche de oro» de la cena, como mero accesorio o complemento para el lucimiento de un convivio privado. Confieso que cuando me enteré de semejante hecho me sentí indignado. Creo que aquello fue una total falta de respeto y una manifestación de menosprecio hacia un grupo de intelectuales, de artistas de alto nivel merecedores de un trato digno, pero a quienes al parecer algunos políticos, funcionarios públicos y empresarios consideran simples guitarristas como los que en los restaurantes van de mesa en mesa deleitando a los comensales.

Ciertamente, durante la actuación de la orquesta no se sirvieron alimentos, y previamente se pidió a los asistentes guardar silencio, pero eso era lo menos que podía esperarse y no que se ejecutara una sinfonía o una obertura entre el ruido de platos y cubiertos, el chocar de copas, el ajetreo de los meseros y las risas y conversaciones de los comensales.

Los integrantes de la sinfónica del estado no son unos musiquillos cualquiera que soplen la trompeta o rasgueen el requinto. Son profesionistas cultos, educados, que pasaron muchos años estudiando en un conservatorio y poseen una formación académica comparable a la de un médico, un físico, un economista o un arquitecto. Su trabajo, por lo tanto, es equiparable al de cualquiera de tales profesionistas y amerita que se realice en las mejores condiciones posibles. Hubiera sido muy loable, por ejemplo, que la orquesta se presentara en un concierto de gala. Ese sí habría sido un auténtico broche de oro de los festejos de aniversario de Cancún.

Pero, por lo visto, hay en los altos niveles de los negocios y el gobierno mucha gente que aún no ha comprendido «”y quizá jamás comprenda porque una cosa es el nivel político o económico y otra el nivel cultural»” que una orquesta sinfónica o de cámara no es una banda de música grupera que aturda a tamborazos a los parroquianos de una taberna, que su función no es la de amenizar eventos privados y que su lugar es una sala de conciertos, o cualquier otro sitio al cual la gente vaya específicamente a escucharla y no a comer o a tomar la copa. Pero, en fin, esa es la realidad que se vive en Quintana Roo.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 12 de mayo de 2015

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