Un terremoto que cambió la faz de la Tierra

IMPACTO AMBIENTAL

 

Un terremoto que cambió la faz de la Tierra[1]

 

Juan José Morales

Sólo dos meses han sido suficientes para que dejara de ser noticia el devastador terremoto «”el más intenso en 80 años en la región»” que el 25 de abril sacudió a Nepal, mató a más de ocho mil personas, dejó heridas a cerca de 20 mil, sin hogar a cientos de miles y destruyó numerosos edificios históricos.

Pero lo que mucha gente ignora es que aquel fenómeno no sólo cambió para siempre la vida de los nepaleses que lo sufrieron, sino que también cambió «”literalmente hablando»” la faz de la Tierra. Mediciones realizadas por satélites geodésicos indican que como consecuencia del terremoto el nivel del suelo se elevó en amplias zonas de aquel país, en tanto que en otras el terreno se hundió en similar medida.

clip_image002El mapa muestra los cambios en el nivel del suelo en Nepal por el terremoto del 25 de abril. Se basa en mediciones hechas por el satélite Sentinel-1 de la Agencia Espacial Europea a su paso antes y después del sismo. En el sector marcado con rojo el terreno se levantó, y en el sector azul se hundió.

Aquí cabe un paréntesis para señalar que la cordillera de los Himalaya, donde se halla situado Nepal, es un inmenso plegamiento de la corteza terrestre provocado por la lenta pero incontenible y poderosa colisión de dos de las grandes placas en que está dividida la superficie de la Tierra: la de la India y la de Eurasia. La primera, que se desplaza rápidamente «”en términos de tiempo geológico»” hacia el norte, choca con la segunda, se introduce bajo ella, la hace levantarse y el resultado es la formación de esa gran cadena montañosa, en la que se encuentra el Everest, el pico más alto del mundo. Con fuerzas tectónicas de tal magnitud en acción, es natural, entonces, que aquella sea una zona sísmica.

El violento terremoto, de 7.8 grados en la escala de Richter, se debió a que, tras largo tiempo de haber estado presionando contra la placa euroasiática, la de la India se desplazó súbitamente seis metros. Si se considera que ese repentino movimiento abarcó un bloque de terreno de 90 kilómetros de largo por 30 de ancho y varios kilómetros de espesor, es fácil imaginar la inmensa cantidad de energía liberada.

Pero no sólo hubo un desplazamiento horizontal. Mediciones hechas por el satélite Sentinel-1 de la Agencia Espacial Europea y confirmadas por otros satélites y por sensores situados en tierra, indican que en algunas zonas el terreno se levantó 1.4 metros, en tanto que en otros se hundió en igual medida.

Se estima que ese colosal movimiento abarcó un sector de 120 kilómetros de largo por 100 de ancho. La mitad de él, la porción situada al sur de Katmandú, la capital de Nepal, experimentó un ascenso, en tanto que la otra mitad, ubicada al norte, se hundió. En los diferentes sectores de la propia ciudad de Katmandú, el terreno se levantó entre uno y dos metros. Y «”a reserva de confirmarlo con un análisis más preciso de los datos»” parece que la ciudad se desplazó un metro hacia el sur.

Los geofísicos están ahora analizando con todo detalle los movimientos del terreno registrados durante el sismo y las deformaciones que sufrió a consecuencia de él. Esto no lo hacen por mera curiosidad, sino para determinar con la mayor exactitud posible en qué medida se liberó la energía acumulada por el encuentro de las dos placas tectónicas a lo largo de los últimos decenios. Con esos datos, podrán estimar mejor las posibilidades de que a corto o mediano plazo pueda ocurrir otro terremoto de gran magnitud, y cuáles son los sitios en que podrían ocurrir los mayores daños.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 26 de junio de 2015

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