El IMSS, el ISSSTE y la guardería ABC

ESCRUTINIO

El IMSS, el ISSSTE y la guardería ABC[1]

Juan José Morales

La táctica es muy vieja y desprestigiada, pero sigue utilizándose: de manera deliberada se permite e incluso mañosamente se propicia, que los servicios y las instalaciones de una institución pública o una empresa descentralizada vayan deteriorándose, provocando así la irritación de los usuarios. El segundo paso es una hábil campaña desinformativa a través de los medios masivos de comunicación y con ayuda de «comentaristas políticos» que sirven al mejor postor, para hacer creer que la única manera de que la situación mejore, es la privatización. Cumplida esa fase de la maniobra, se vende el servicio o la empresa a precio de ganga para que, ya en manos de empresarios privados, se maneje como negocio y deje muy buenas ganancias a sus nuevos propietarios.

clip_image001Manifestación de médicos de las instituciones públicas en el Zócalo de la ciudad de México pidiendo que cese el desabasto de medicinas, se dote a clínicas y hospitales con más recursos para atender a los pacientes, y se deje de culparlos por la muerte de enfermos que llegan en estado crítico o fallecen por falta de medios para atenderlos debidamente.

Así se hizo, por ejemplo, con los ferrocarriles. Así se ha estado haciendo calladamente con la Comisión Federal de Electricidad, mediante las concesiones a empresas extranjeras para generar electricidad que la CFE se obliga a comprarles. Y así se pretende ahora hacer con el Instituto Mexicano de Seguro Social y el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores al Servicio del Estado, el ISSSTE. De hecho, ya se ha venido haciendo tal cosa desde hace años mediante la práctica de la llamada subrogación. Es decir, la contratación de empresas privadas para que realicen determinadas actividades y presten ciertos servicios a esas instituciones de salud, en vez de que lo hagan ellas mismas.

La guardería ABC es un caso muy ilustrativo. Era un negocio particular, al cual el IMSS le pagaba para atender a hijos de derechohabientes. Pero «”contra lo que se afirma en el sentido de que la iniciativa privada es más eficiente y da mejor atención que las instituciones del gobierno»” funcionaba en un lugar improvisado, sin reunir los mínimos requisitos de seguridad, como lo demostró el mortal incendio que cobró las vidas de decenas de niños y del cual ahora el gobierno de Peña Nieto culpa a las trabajadoras de la guardería y no a los funcionarios que contrataron el servicio de esa trampa mortal que era la guardería, ni a los empresarios que manejaban el negocio.

Si esa es la clase de atención que en materia médica recibiremos los derechohabientes del Seguro Social, no sé qué pensarán los lectores, pero personalmente prefiero seguir acudiendo a clínicas y hospitales manejados directamente por la institución y no caer en manos de negociantes de la salud a los que «”previa «mordida» o tráfico de influencias»” se contrate para dar servicios médicos.

Por lo demás, la atención que se brinda en las clínicas y hospitales del Seguro dista mucho de ser tan mala como se pretende hacer creer. Si los médicos familiares dedican poco tiempo a cada paciente, no es por burocratismo, apatía o desinterés, sino porque están sometidos a cargas de trabajo cada vez mayores que implican atender cada vez más consultas por hora. Y en cuanto a la atención especializada, como son cirugías o ciertos tratamientos, difícilmente alguien podrá negar el alto nivel de profesionalismo del personal médico del IMSS o la excelencia del instrumental y equipo con que están dotados.

Ciertamente, hay motivos de queja. Existe, por ejemplo, desabasto de medicinas, hay largas demoras para conseguir cita con un especialista, y hay casos en que se utilizan materiales de mala calidad porque presumiblemente alguien recibió su «mochada» para autorizar la compra. Me tocó sufrir una de esas situaciones, que casi me costó la vida, pero si pude salvarme fue precisamente por la admirable destreza del cardiólogo que me atendió, y que no era de un hospital privado, sino del Seguro.

Pero esa problemática no se debe a que el IMSS sea una institución pública, sino a la corrupción y los malos manejos que en ella imperan y que no van a desaparecer sino, por lo contrario, sin duda se agravarán si la atención médica se pone en manos de empresarios privados. Y es también una problemática en buena medida creada deliberadamente para propiciar la privatización. Por ello, más que enderezar quejas contra el personal y el servicio que presta, es necesario demandar que se sanee el IMSS, se le proporcionen recursos suficientes y se acabe con negocios como el de la guardería ABC.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 18 de agosto de 2015

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