El muro de Berlín y la homeopatía

ESCRUTINIO

El muro de Berlín y la homeopatía[1]

Juan José Morales

Confieso que en un principio pensé que se trataba de una broma. Pero no. Es rigurosamente cierto. Entre los productos que fabrica y vende la empresa británica Helios Homoepathy, uno de los mayores fabricantes de menjurjes homeopáticos de la Gran Bretaña, hay uno denominado comercialmente Berlin Wall y, más pomposamente, a tono con la tradición homeopática de los nombres en latín o latinizados, Murus Berlinensis. Como ya se habrán percatado los lectores, ambos nombres significan lo mismo: Muro de Berlín.

Y, tal como indica su nombre, el compuesto en cuestión —que viene en muchas y muy variadas presentaciones— se elabora con… agárrese usted… ¡fragmentos del muro de Berlín!

clip_image002Logotipo de la empresa británica Helios Homoeopathy, una de las mayores de su tipo en el mundo, fabricante del Murus Berlinensis, al que se atribuyen propiedades curativas… ¡por ser elaborado con restos del muro de Berlín! Como la característica de los productos homeopáticos es su extrema dilución, ciertamente Helios tendrá materia prima para varios miles de años por lo menos.

¿Por qué con restos de aquella construcción? Al parecer, porque, como el muro separaba a la República Democrática Alemana y la República Federal de Alemania, dos naciones con regímenes políticos radicalmente distintos y opuestos, el polvo que de él se obtiene supuestamente posee la extraordinaria propiedad de aliviar emocionalmente y mejorar el estado de ánimo a aquellas personas que se sienten oprimidas o que se encuentran en una especial situación de incertidumbre al tener que mediar entre dos partes conflictivas.

Repito: no es broma. Hoy no es Día de los Inocentes. El producto de marras es auténtico. El Murus Berlinensis lo fabrica y distribuye desde hace cosa de diez años la empresa Helios y viene en 14 presentaciones diferentes, según la forma en que se aplique, el uso que se desee darle y los gustos y preferencias del consumidor.

Se ofrece en forma de crema con 5% de tintura madre mezclada con agua purificada, bórax, aceite de almendras y cera de abejas; de gránulos hechos a base de azúcar —presentación para bebés, niños de corta edad y animales—; de gránulos muy pequeños, recomendados para adultos, de tabletas blandas a base de lactosa que se disuelven fácilmente en la lengua —también apropiadas para animales—, y de solución al 10% en alcohol para tomar por vía oral.

También se ofrece en forma de concentrado en alcohol, ya sea con el ingrediente principal solo, o mezclado con ciertas hierbas, para ser diluido en agua. O bien, como ungüento al 5% en una base de cera de abejas y aceite de almendras, recomendado para personas de piel muy sensible. Se puede asimismo adquirir Murus Berlinensis en solución alcohólica al 23%, en forma de píldoras de diversos tamaños (ignoro qué influencia tiene sobre su eficacia el tamaño de las mismas), y en tabletas de lactosa pura, o de lactosa y azúcar, también de diferentes tamaños.

Como es sabido, los productos homeopáticos no se someten a las rigurosas pruebas clínicas que las autoridades exigen a los medicamentos producidos por la medicina científica para demostrar su eficacia, sino a ciertos ensayos ideados por Hahnneman, el inventor de la homeopatía. El más usual consiste en tomar una sustancia para ver qué efectos produce, y si tales efectos se parecen a los síntomas de una enfermedad, se considera que —extremadamente diluida— debe curar ese padecimiento. O bien, la sustancia o el compuesto se someten a un procedimiento muy singular denominado “prueba meditativa” o “probación meditativa”. Tal fue el caso del Murus Berlinensis, pero como ya el espacio se ha agotado, será hasta el jueves venidero cuando explicaremos en qué consiste la tal probación.

Comentarios: [email protected]


[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 10 de septiembre de 2015

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *