Los mayas y los mayitas

ESCRUTINIO

Los mayas y los mayitas[1]

Juan José Morales

Mucha gente tiende a pensar que la discriminación racial es sólo algo que ocurría en Estados Unidos o en Sudáfrica y estaba enfocada única y exclusivamente hacia negros y asiáticos, grupos ambos que fueron objeto de segregación a través de leyes que impedían los matrimonios interraciales, obligaban a los negros a usar sanitarios y asientos de autobús separados y vivir en vecindarios segregados, y prohibían la entrada al país de personas originarias de Asia.

Pero también en México millones de personas han sido objeto de discriminación y segregación. No sólo en la época colonial, cuando existía un complicado sistema de castas, sino en los tiempos actuales. Y no la sufrían los negros, sino los indígenas.

Hace unos días en la presentación de su libro bilingüe español-maya Lágrimas de oro K»™aank»™an ya»™il icho»™ob, el escritor Jorge Cocom Pech relataba como, todavía en su niñez, en la década de los 60, en la escuela pública a la que asistía en Calkiní, Campeche, se dividía a los alumnos en tres grupos, sentándolos por separado: de un lado, aquellos cuyos dos apellidos eran españoles, en la fila de mesabancos del centro, los que tenían un apellido español y uno maya, y en la tercera fila, quienes ostentaban dos apellidos mayas.

clip_image001Portada del libro de Jorge Cocom Pech. La magnífica edición, bilingüe maya-español, fue financiada conjuntamente por Conaculta y Editorial Trillas. En él, relata las vivencias de su infancia, cuando se sentía atrapado y confundido por las presiones sociales para renunciar a su lengua y costumbres, y el orgullo de su familia por su origen maya. Dicho sea de paso, su segundo apellido, Pech es «”explica»” «la deformación de la palabra antigua p»™eech, que significa rebelde, insumiso, un hombre indómito». Y, ciertamente, le hizo honor.

Y el subtítulo de la obra, Waye»™, ¡ma»™a t»™aan ích maya! Aquí, ¡no hables maya! alude, recuerda Cocom, a que en la escuela se prohibía a los niños utilizar esa lengua. Si se les sorprendía haciéndolo, la maestra los castigaba severamente, ya fuera con palmetazos en las manos, ya fuera obligándonos a permanecer largo tiempo de rodillas sobre corcholatas o con los brazos extendidos a ambos lados del cuerpo hasta que comenzaban a doler por la prolongada inmovilidad. Y para mayor humillación y discriminación, si bajaban los brazos o se ponían de pie, la maestra delegaba la tarea de castigarlos por ello en un alumno «blanco».

Esta «”hay que recalcarlo»” era la política oficial en las escuelas públicas, y las maestras la hacían cumplir estrictamente. Al parecer, estaba guiada por la idea «”en boga largo tiempo»” de que era necesario «incorporar a los indios a la civilización», hacerlos olvidar su lengua materna y castellanizarlos por la fuerza como condición indispensable para su integración a la sociedad.

Recuerda igualmente Cocom que su madre tuvo que renunciar a seguir estudiando, aunque anhelaba hacerlo, porque después de cursar los primeros años de primaria, la dirección de la escuela le planteó la disyuntiva: si quería seguir asistiendo, debería dejar de usar hipil, el atuendo maya femenino, y vestirse de «catrina». Esto es, con ropa «occidental». No se permitían vestimentas indígenas en la escuela.

Todo esto explica por qué muchos contemporáneos de Cocom dejaron de hablar maya, lo cual contribuyó a la disminución del número de hablantes de ese idioma, no dialecto como algunos lo califican erróneamente. Pero él y otros persistieron tozudamente en usarlo, así fuera a escondidas o lejos de los oídos de las maestras, y en la actualidad es un brillante escritor en lengua maya, ganador de premios nacionales e internacionales por sus obras.

Confieso que en mi infancia y adolescencia compartí «”pues vivía inmerso en ella»” esa actitud discriminatoria y racista hacia los indígenas. No pocas veces los llamé desdeñosamente winikes, ignorante de que en maya la palabra winik no tiene una connotación despectiva sino significa sencillamente hombre, individuo o persona. Fue solo en mi juventud, al adquirir conciencia social, cuando dejé de mirar a los indios de arriba abajo.

Pero la discriminación no ha desaparecido. Como decíamos alguna vez en esta columna, hay dos tipos de indígenas: los admirables mayas prehispánicos, grandes arquitectos, astrónomos y matemáticos, y los «mayitas» contemporáneos, a los que se considera una especie de ciudadanos de segunda clase y se etiqueta como torpes, ignorantes, tercos y taimados.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 1 de septiembre de 2015

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