…y así Mamerto compró su diputación

ESCRUTINIO

«¦y así Mamerto compró su diputación[1]

Juan José Morales

Había una vez»¦ Así comienza este cuento, pero antes de proseguir conviene subrayar que si el lector le encuentra semejanza con algún partido y algún candidato que hubieren participado en la reciente elección federal en algún estado del sureste, es cosa suya. Cualquier similitud puede o no tomarse como mera coincidencia.

clip_image002Pues bien. Continuemos. Había una vez un cierto individuo de nombre Mamerto que deseaba ser diputado. Para ello, se afilió a un partido que había adoptado el color bilis y por emblema usaba la imagen de un buitre de enorme pico, el cual mucha gente tomaba como símbolo de la rapacidad de sus dirigentes. Sabedor de que tenía muy pocas probabilidades de convencer a los electores debido a su escaso brillo intelectual y su nula cultura política «”por no hablar de su ignorancia casi enciclopédica en cuestiones de la naturaleza, que eran un tema de mucho interés en la región»”, optó por usar los mismos métodos que los cabecillas de su partido: la compra de votos.

Aquella fue «”hay que reconocerlo»” una operación mercantil muy bien planeada y mejor ejecutada ya que, como le señalaron sus jefes, «por dinero no paramos». Durante los dos años previos a la elección, el partido del buitre estuvo repartiendo puntualmente, cada mes, 20 mil despensas con alimentos básicos entre las familias más pobres de la demarcación electoral en que Mamerto sería candidato, cobijado por una alianza de su partido con otro, de emblema multicolor y muy ducho en tales cuestiones. «Para eso tenemos a esos infelices muertos de hambre «”decían cínicamente los caciques de los partidos aliados»”: para que nos agradezcan que les demos algo de comer».

Sin tapujo alguno «”más bien con total cinismo y desvergüenza»”, Mamerto se ufanaba del costo de lo que llamaba «la operación». «Son veinte mil despensas mensuales «”decía»”, a 270 pesos cada una».

Alguien se tomó el trabajo de sacar la calculadora y ponerse a hacer multiplicaciones para determinar cuánto costó repartir esas dos decenas de miles de despensas de 270 pesos cada mes a lo largo de 12 meses durante dos años: 20 mil X 270 X 12 X 2. Total: un poquitín menos de 130 millones de pesos. «Bueno «”dijo alguien»”, dejémoslo en cien millones. De todas maneras es un dineral».

¡Ah!, pero olvidábamos decir que además de los alimentos para paliarle el hambre a los futuros votantes, el partido del buitre repartía a manos llenas toda clase de regalitos: mochilas, lápices, maletines, cuadernos, boletos de entrada al cine, material escolar, tarjetas de descuento, bolígrafos»¦ todo ello, por supuesto, color bilis, con la figura del pajarraco y el nombre del partido.

Próximas ya las elecciones, a la generosidad se sumó una advertencia: «Ya saben, si Mamerto no gana, se acabaron las despensas, y a ver qué comen».

Las cuentas de los jerarcas del partido eran muy simples: «En cada familia a la que damos esa limosna hay al menos dos votantes, así que podemos contar como mínimo con 40 mil votos. Suficientes para barrer en la elección.»

Y Mamerto triunfó. Sí, pero más bien con los votos del otro partido que lo postuló, el de los múltiples colores. Su propio partido, el del pajarraco, el de color bilis, sólo obtuvo 16 mil sufragios. Y para colmo, quedó muy atrás de otro partido, de color oscuro, que no había dado un solo regalo a nadie y sin embargo tuvo una buena cosecha de votos.

Hubo quejas y protestas, desde luego. Algún contendiente amargado y envidioso, irritado por su victoria, lo acusó ante la autoridad de haber violado la ley, y demandó que se anulara su triunfo ya que se logró con malas mañas. Pero de arriba le llegó a Mamerto una Ayuda DivINE (no divina, sino divINE), precisamente de la autoridad ante la que había sido acusado y que tenía el papel de vigilante y árbitro electoral: la Institución Nacional de las Elecciones, la INE.

La INE, que es muy comprensiva con pícaros y delincuentes, respondió a los envidiosos que sí, que Mamerto había violado la ley, pero como ganó por bastantes votos (por supuesto, pues bastante dinero habían costado), de todos modos sería declarado triunfador. Sólo tendría que pagar una pequeña multa.

Y colorín colorado, este cuento ha terminado con final feliz para Mamerto y sus secuaces.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 14 de julio de 2015

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