Dos noticias: una buena y una mala

IMPACTO AMBIENTAL

Dos noticias: una buena y una mala[1]

Juan José Morales

A la usanza clásica, podríamos comenzar estos comentarios diciendo que tenemos dos noticias sobre las zonas turísticas del Caribe mexicano, una buena y una mala. La mala es que, de acuerdo con una investigación realizada por Jennifer Ruiz Ramírez, de la Universidad de Quintana Roo y Jorge Euán Ávila, de la unidad Mérida del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (CINVESTAV) del Instituto Politécnico Nacional, los cinco centros turísticos del norte de Quintana Roo son particularmente vulnerables a los efectos del cambio climático. La buena es que todos ellos cuentan con defensas naturales «”concretamente manglares y praderas submarinas»” que pueden contribuir de manera importante a mitigar los efectos del calentamiento y a proteger a las zonas costeras del ascenso en el nivel del mar y el embate de tormentas y huracanes, fenómenos ambos que sin duda serán más frecuentes o intensos por efecto del cambio climático.

clip_image001Por si alguien dudara que el calentamiento global y el cambio climático son una realidad y ya los tenemos encima, basta decir que la concentración en la atmósfera de dióxido de carbono «”el principal gas causante del calentamiento»” es la más alta en 650 mil años, y que 2014 fue el año más caluroso desde 1850 cuando comenzaron a llevarse registros.

El estudio sobre vulnerabilidad a que nos referimos, y que se presentó ayer en el marco del V Congreso Nacional de Investigación en Cambio Climático en la Universidad del Caribe, analizó las posibles consecuencias del aumento en el nivel del mar en Cancún, Playa del Carmen, Isla Mujeres, Puerto Morelos y Cozumel, conforme a diferentes escenarios previstos para el presente siglo «”que van desde uno hasta tres metros»” y tomando en cuenta las áreas susceptibles de inundación por ese fenómeno y la infraestructura existente en ellas. Así se llegó a la conclusión de que Cancún es la ciudad más vulnerable, en razón de la superficie de área urbanizada potencialmente inundable y el valor de los terrenos y las construcciones que en ella existen.

El segundo lugar lo ocupa Playa del Carmen, seguida «”en ese orden»” por Isla Mujeres, Puerto Morelos y Cozumel.

Pero en todos esos centros turísticos hay grandes superficies cubiertas de manglares y de pastizales marinos, ecosistemas ambos que «”según también señalan diversos estudios presentados en el congreso»” tienen una gran capacidad para absorber CO2 y por tanto atenuar el calentamiento global.

Como se dijo en el evento, los estudios científicos han demostrado que los manglares, las marismas costeras y los pastos marinos almacenan de tres a cinco veces más carbono por unidad de superficie equivalente en comparación con el bosque tropical, del que se pensaba ocupaba el primer lugar en ese aspecto.

Y respecto a los manglares, vale la pena recordar que la península de Yucatán tiene a todo lo largo de sus costas una casi ininterrumpida franja de ese tipo de vegetación que en algunos lugares alcanza hasta 20 kilómetros de amplitud y que en conjunto representa la mitad de los manglares de México.

Tenemos, pues, un par de protecciones naturales de extraordinario valor contra el cambio climático. Pero, desgraciadamente, no sólo no se ha sabido aquilatar su importancia sino que hay quienes «”desde la iniciativa privada y el gobierno»” están empeñados en destruirlas por simple afán de lucro.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 16 de octubre de 2015

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