La verdadera defensa de la vida

ESCRUTINIO

La verdadera defensa de la vida[1]

Juan José Morales

Los grupos que se oponen al aborto y que han estado promoviendo en los congresos de los estados leyes para castigarlo cada vez con mayor severidad, equiparándolo al infanticidio y calificando a las mujeres que se lo practican como asesinas de sus propios hijos, aducen que con ello defienden «el derecho a la vida desde el momento mismo de la concepción».

Pero, independientemente de que la idea de que la vida de un ser humano comienza en el instante en que se unen un óvulo y un espermatozoide es sólo una muy discutible y discutida idea religiosa sin el menor fundamento científico, si realmente se desea proteger la vida, la mejor manera es dar a las mujeres «”y en especial las adolescentes»” el derecho a la interrupción legal del embarazo cuando éste no es deseado.

clip_image002La pancarta que enarbolan estas mujeres lo dice todo. Y es que para una jovencita de 14, 15 ó 17 años que resulta embarazada por no haber recibido educación sexual o no haber tenido acceso a medios anticonceptivos, ello significa truncar sus proyectos de vida, o exponerse a morir por un aborto mal practicado. Pero nada de ello importa a quienes dicen defender «el derecho a la vida».

En efecto, en México, según los registros hospitalarios, los abortos inseguros, practicados en condiciones antihigiénicas y sin la debida atención médica, son causantes del 11 por ciento de las muertes maternas. Y es que, aun cuando se exponen a sufrir largas penas de prisión por la dureza de las leyes «de defensa de la vida», se estima que cada año un millón de mujeres recurren al aborto. A esa conclusión llegó un estudio realizado hace dos años por el Colegio de México y el Instituto Guttmacher. Salvo el Distrito Federal «”donde es legal y puede ser practicado bajo la debida atención médica»” en el resto del país la interrupción del embarazo se realiza clandestinamente, por lo general en sitios y condiciones de alto riesgo por la carencia de higiene, salubridad y capacitación de quienes practican el procedimiento.

Si hay tan elevado número de abortos en el país es porque «”dice también el estudio en cuestión»” la mitad de los embarazos no son deseados o planeados. Y lo más preocupante del asunto es que ese problema afecta en gran medida a menores de edad. Peor aún: la edad promedio a la que se embarazan las adolescentes es cada vez menor.

Según datos recabados durante la Encuesta Nacional de Salud, cada año se embaraza medio millón de niñas y adolescentes de entre 10 y 19 años de edad. Y el número va en aumento. La misma encuesta reveló que mientras en 2005 la tasa de fecundidad entre las adolescentes era de 30 por cada mil mujeres, en 2011 fue de 37.

La causa de todo ello «”embarazos no deseados y elevado número de abortos clandestinos»” es múltiple, pero principalmente se debe a inadecuada o nula educación sexual en las escuelas y el hogar, y la falta de acceso a medios anticonceptivos.

Sin embargo, en vez de afrontar con realismo este gravísimo problema de salud pública que son los abortos clandestinos, lo único que la Iglesia, los grupos conservadores, el PRI, el PAN, el Panal y el PVEM hacen, es orillar a mayor número de mujeres a recurrir a ellos al negarles la posibilidad de interrumpir legalmente embarazos no planeados o no deseados y condenarlas a ser simples fábricas de hijos, so pena de ir a la cárcel si se rehúsan.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Sábado 17 de octubre de 2015

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