Tania, Loltún y la rata trepadora orejuda

IMPACTO AMBIENTAL

Tania, Loltún y la rata trepadora orejuda[1]

Juan José Morales

No creo que haya sido registrado en el conocido libro de Guinness, pues no se trata de uno de esos récords banales, como mayor número de saltos sobre un colchón de agua en un minuto o cantidad de pinzas para ropa prendidas a la piel de un hombre, sino de un récord científico serio: el análisis del ADN más antiguo obtenido a partir de los restos subfósiles «”o sea no totalmente fosilizados»” de un animal hallado en el trópico. Concretamente, en la gruta de Loltún, Yucatán.

Lo logró una investigadora mexicana, la bióloga Tania A. Gutiérrez García, al estudiar el esqueleto de cierto ratoncillo denominado científicamente Ototylomys phyllotis y popularmente llamado rata orejona. Y si decimos llamado, es porque no se trata de una especie extinta sino que aún existe y es bastante común en tierras del Mayab. Lo que examinó la bióloga Gutiérrez fue el ADN extraído de los huesos de un ejemplar que vivió hace miles de años, y el objetivo era compararlo con el de sus descendientes actuales.

clip_image001Rata orejona. Debe su nombre común al gran tamaño de sus orejas- Foto cortesía de Duarte Dellarolle.

Conocido también como rata trepadora orejuda por el gran tamaño de sus orejas y porque acostumbra escalar los árboles, este roedor mide entre 9.5 y 19 centímetros de largo, más otros diez centímetros de la cola. Es de hábitos nocturnos como la mayoría de los mamíferos y su amplia área de distribución se extiende desde el norte de la península de Yucatán hasta Tabasco y Chiapas en suelo mexicano y hasta Honduras, Nicaragua y Costa Rica en Centroamérica, incluyendo desde luego Belice, Guatemala y El Salvador. Se le encuentra desde el nivel del mar hasta 1 900 metros de altitud.

La importancia del trabajo de esta bióloga mexicana estriba en que normalmente es muy difícil o imposible analizar muestras de ADN de miles de años de antigüedad procedentes de regiones tropicales, pues las altas temperaturas y la elevada humedad las degradan fácilmente. Sin embargo, ella pudo lograrlo. Y aquí cabe señalar también que, como dice en el informe al respecto, la gruta de Loltún constituye un extraordinario depósito de fósiles de la fauna de un largo período que abarca desde la etapa final del Pleistoceno «”la larga época iniciada hace 1.6 millones de años y que culminó hace unos 12 500 años»” hasta la primera etapa del Holoceno, la época que le siguió inmediatamente y es en la cual vivimos. Ahí, en Loltún, se han localizado no menos de cuatro mil restos de animales, inclusive de especies ya desaparecidas de grandes mamíferos, como existentes, entre ellas este ratoncillo. Y no sólo son abundantes, sino que su estado de conservación es excepcionalmente bueno para tratarse de un sitio tropical. Ello se debe, dice la investigadora, tanto a la naturaleza del terreno de rocas calizas, o karst como le llaman los geólogos, como a que en el interior de la gruta ha habido durante miles de años un microclima estable.

Tenemos así en Loltún no sólo un gran atractivo turístico, sino un verdadero tesoro científico que permitirá ampliar los conocimientos sobre la fauna que en diversas épocas pobló la península de Yucatán y sobre el origen de las especies que actualmente hay en ella.

Comentarios: [email protected]


[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 2 de octubre de 2015

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.