Disparos en la oscuridad

ESCRUTINIO

Disparos en la oscuridad[1]

Juan José Morales

Hace poco llegó a mis manos una obra literaria en la cual puede leerse lo siguiente: «»¦la Revolución. Todos la aceptan desfilando, las manos prestas al saludo, acordando con el Jefe una forma de no repartir las tierras, ni aceptar el derecho de huelga, ni considerar a los estudiantes como algo más que alumnos, ni a los profesionistas más que «˜servidores del Estado»™, y de permitir que los curas empinaran las arcas y los votos a su favor. Gustavo meditó muchas veces en esto, frente al plato vacío, en espera de que Lupita le sirviera el almuerzo «”un ritual, más que una comida, pues ya desde entonces padecía gastritis, dispepsia, dolores intestinales»” y llegó a la idea de que era parte de una revolución que terminaría sólo cuando los obreros, campesinos y estudiantes entendieran que sus beneficios llegarían en cuatro, cinco, diez generaciones más. No se podía apurar al progreso. El desenlace de una historia no tiene atajos»¦ Y mientras llegaba el Paraíso: a aguantar y a aplicar las leyes vigentes. Entre la violencia latente de los pobres y la ostentación de los ricos, sólo estaban ellos, el Grupo. Había que apoyar a los ricos para que generaran empresas, haciendas, escuelas católicas, y aguantar a los necesitados, decirles que no dejarían de serlo pronto y que más les valía trabajar duro y resignarse. En medio, el Partido se convertiría en una nueva clase rica, sin olvidar sus orígenes humildes. Eso es un país reconciliado.»

clip_image001Si tiene usted la impresión de que el país donde todo ello ocurre es México, el personaje en cuestión es un prominente político mexicano «”quizá un presidente de la República»” y que los sucesos de la historia son reales, no ficticios, y no cosa del pasado sino del presente, está en lo correcto. Se refiere al ideario que en 1937 normaba el pensamiento y las acciones de la clase política mexicana, pero puede decirse que la clase política mexicana de 2015 piensa y actúa exactamente igual que en aquel entonces.

El texto proviene del libro en cuestión, que he estado leyendo ávidamente por su excelente calidad literaria y mucho recomiendo: Disparos en la Oscuridad, biografía novelada de ese siniestro individuo llamado Gustavo Díaz Ordaz, también conocido como El Chacal de Tlatelolco.

El título alude a lo que podría denominarse la iniciación o el bautizo de fuego de Díaz Ordaz en cuestión de matanzas, que ocurrió en la oscuridad de una noche de 1937, cuando como agente del ministerio público al servicio del cacique poblano Maximino Ávila Camacho, se encargó de justificar «”al igual que lo haría tres décadas después en el caso de Tlatelolco»” una matanza de obreros y campesinos en el ingenio poblano de Atencingo, propiedad del magnate azucarero y cinematográfico William Jenkins, otro canallesco personaje al cual servía, asentando en el acta oficial de los sucesos que los agresores habían sido los muertos y los heridos.

Confieso que aunque creía conocer bastante de la vida de Díaz Ordaz, Disparos en la Oscuridad me reveló muchos hechos que ignoraba: sus orígenes, la pobreza y las humillaciones que sufrió en la infancia, las relaciones familiares con el porfiriato, la educación que recibió y otras circunstancias que determinaron los prejuicios, rencores, fobias, odios, obsesiones, complejos, aversiones y temores que hicieron de él lo que fue.

Ciertamente, tanto por su contenido como por su gran calidad literaria «”que no en balde ha recibido calurosos elogios de escritores como Elena Poniatowska, Juan Villoro y Paco Ignacio Taibo II«” vale la pena leer esta biografía novelada de uno de los más detestables individuos que han pasado por la silla presidencial.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 21 de octubre de 2015

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